El empresario norteamericano Malcolm Purcell McLean (1913-2001) había amasado fortuna con el transporte de todo tipo de mercancías, desde fardos de algodón a barriles de tabaco, pese a sus orígenes humildes. Fue él quien, a mediados de los años cincuenta del pasado siglo, apreció la necesidad de desarrollar un nuevo sistema para la logística de carga fraccionada, enormemente costosa: meterla en recipientes, sin necesidad de mover artículo por artículo de forma manual, era cuarenta veces más barato en volúmenes por tonelada.