Desde hace unos días, circulan fuertes imágenes de protestas populares en distintos lugares de Irán. Se trata de un país castigado por un gobierno integrista religioso, con pésimo manejo financiero, y que ha preferido invertir el dinero del petróleo, en montar una estructura militar global en vez de en el desarrollo de su propia gente. Los próximos días serán clave para ver la magnitud de la revuelta. Y analizar la forma en que se comporta el gobierno frente a sus ciudadanos.