Imposible quitarse de la cabeza las imágenes de algunos de los destinos más emblemáticos de Europa completamente masificados, desbordados por el turismo masivo en cualquier época del año: calles saturadas, colas interminables y experiencias que a menudo dejan al viajero más estresado que maravillado. Frente a esta saturación, surge con fuerza un nuevo concepto para viajar: el turismo slow. Esta tendencia propone vivir y recorrer los lugares con calma, descubrir la cultura local y disfrutar de cada momento de manera auténtica y sostenible, ofreciendo una alternativa más enriquecedora, tanto para quienes viajan como para las comunidades locales.