Agradecida incomodidad

Tengo algún amigo poeta obsesionado con la «difusión» de su obra. Observo sus afanes con cierta ironía pues, en realidad, casi nadie lee poesía aparte de los poetas, que no suelen leer salvo a unos cuantos. Y, sin embargo, estoy convencido de que la poesía nos aporta una riqueza interior insustituible por ninguna otra. El mundo, estoy seguro, sería mejor si la gente leyera poesía. No me imagino a Trump, o a Abascal, leyendo versos.