Lo mismo da un día que un año. En todo lo que comienza asoma una promesa. Venimos de fábrica con la credulidad de serie. En especial al amanecer. Luego, como todo lo que se enfrenta al tiempo, va decayendo. La credulidad y la esperanza. Entre tanto, creemos. Con los años se me han enfriado los propósitos de tanto traicionarlos. Ya no me propongo nada, o casi nada. Me basta con ver amanecer. Mirar viendo como si fuera la última ronda. ¿Ustedes? Si consiguieron entrar sin atragantarse, si escaparon del incendio, ante sus ojos toda la llanura para cabalgar, todo el año para ver amanecer… ¿Habrá algo más bonito que la dehesa al amanecer?