Wallapop o el precio de todo

Vivimos en una sociedad consumista que lo tiene todo… y aun así compra lo que ya no existe. O lo que nunca debería haber salido de donde estaba. Porque Wallapop no es una app: es un estado mental. Un lugar donde nada muere, solo se pone “en buen estado”. Ahí conviven bicicletas estáticas sin estrenar, vajillas “con historia” (es decir, heredadas) y sofás que han visto más siestas que un jubilado.