Esta costumbre tan propia de la Navidad tiene su origen en una antigua tradición celta, conocida con el nombre de ‘Eguinad’. Los celtas intercambiaban dátiles y frutos secos creyendo que estos presentes atraían buenos augurios para el año que comenzaba. Los romanos adoptaron esta costumbre celta asociándose con la diosa Strenia (Strenna), portadora de salud y suerte. En Roma se acostumbró a simbolizar los presagios con regalos; esta tradición se generalizó e incluso llegó a institucionalizarse. Se dice que fue Tito Tacio, en el siglo VII a.C., quien inició esta costumbre que se aunó a la ya existente de intercambiar regalos con familiares y amigos el 1 de enero. En principio se obsequiaron con ramas de pino que con el tiempo se sustituyeron por pan, dátiles y miel, posteriormente por medallas y monedas de plata, con el propósito de extender las bendiciones de la diosa. El aguinaldo es, sin duda, una tradición muy arraigada en España. Según los historiadores, existe desde la Edad Media, aunque con la llegada de la dinastía Borbónica este hábito se extendió con gran éxito por nuestro país. En sus orígenes, el aguinaldo consistía en una recolecta de alimentos, como frutos secos o castañas, que se subastaban desde mediados de diciembre; el dinero obtenido se dedicaba a la iglesia para las celebraciones navideñas. Nada tiene que ver esta popular costumbre de pedir el aguinaldo con la paga extraordinaria de Navidad. El 24 de diciembre de 1944 apareció en el Boletín Oficial del Estado una Orden Ministerial firmada por el entonces Ministro de Trabajo, José Antonio Girón de Velasco, en la que se establecía que todo el personal de industrias no reglamentadas recibiría en Navidad una gratificación equivalente al sueldo de una semana, para solemnizar las fiestas. Un año después, el 9 de diciembre de 1945, esa gratificación se estableció con carácter general e indefinido, de esta manera se institucionalizó la Paga de Navidad o Aguinaldo. En la actualidad, esta paga está incorporada en el artículo 31 del Estatuto de los Trabajadores desde el año 1980, y representa una parte del salario igual a una paga mensual. Asimismo, en los albores del siglo XX, panaderos, lecheros, carboneros, barrenderos y los famosos serenos recibían también el aguinaldo. Turrones, pollos, pavos, botellas de sidra o dinero eran los regalos con los que los vecinos agasajaban a estos profesionales que durante el año habían ofrecido sus servicios a los hogares españoles. Estos trabajadores entregaban una tarjeta de felicitación navideña, que incluía en su reverso una bonita poesía aludiendo al gremio que dedicaba la felicitación. Con el desarrollo económico, las mejoras salariales y de las condiciones laborales, estos modestos aguinaldos fueron desapareciendo, al igual que muchas de las profesiones mencionadas. Costumbre muy extendida en el ámbito rural, los niños visitaban el día de Reyes las casas de familiares y vecinos siguiendo un riguroso orden establecido, cantando villancicos y canciones alegóricas al propio aguinaldo. Acompañados de panderetas y zambombas, portaban una cesta o capazo para recoger los presentes: galletas, caramelos, bizcochos, naranjas y algunas propinas. Un tesoro de gran valor para estos pequeños que esperaban con ilusión la fiesta del aguinaldo. Como ha sucedido con otras tradiciones populares, esta costumbre fue decayendo a medida que los pueblos iban despoblándose y quedándose sin niños. El aguinaldo es un símbolo de nuestra cultura, una tradición que ha evolucionado desde un antiguo ritual hasta convertirse en una práctica cultural y legal que mantiene intacta su esencia. Es un gesto de generosidad, un recordatorio de que estas fechas tan señaladas están concebidas para dar y recibir con el corazón. Silvia Rodríguez es colaboradora de COPE Bierzo desde el 24 de junio de 2019. La podréis leer y escuchar los lunes en la sección de opinión bajo el título ‘Silvia en COPE Bierzo’ y los fines de semana en ‘Con otra perspectiva’, disponibles en Cope.es/Bierzo. Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Salamanca, Silvia decidió estudiar esta carrera por su pasión por la lengua y la literatura. Disfruta leyendo, escribiendo y escuchando buena música. Además, es feliz trabajando en equipo y cree firmemente que “estamos aquí para ayudar y hacer felices a los demás”. Silvia también es socia fundadora del Banco de Alimentos del Sil y colabora con esta ONG que realiza una labor destacada en la comarca. Enamorada de la enseñanza, es profesora de inglés, lengua y literatura en la Academia Corcal. Se define como una persona vital, alegre, optimista y con gran sentido del humor. Además, realizó el prólogo del libro ‘Chuma. El Valle del Silencio’ del escritor Miguel Velasco Nevado.