La razón científica por la que vemos la Luna a plena luz del día, pero nunca vemos las estrellas

Más de medio siglo después de su conquista, la Luna sigue generando una enorme fascinación. El hito del Apolo 11, que llevó al ser humano a pisar su superficie por primera vez en julio de 1969, es historia viva de la exploración espacial. Sin embargo, más allá de la noche, el satélite protagoniza un fenómeno que despierta una curiosidad universal: su presencia en el cielo a plena luz del día. Un experto aclara los motivos. Para aclarar esta cuestión, el astrónomo René Duffard, del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), explica en el programa 'La Noche de Adolfo Arjona' que, aunque no la percibamos, la Luna no se va a ninguna parte. "La Luna siempre está ahí", afirma el científico, quien añade que "por más que nosotros, en este punto de la Tierra, no la veamos, la Luna está en algún lugar, en algún momento". La visibilidad de nuestro satélite desde la Tierra no depende de si es de día o de noche, sino de un complejo baile cósmico. En él intervienen tres factores: el giro de la Luna alrededor de la Tierra, la rotación de la Tierra sobre sí misma —que provoca el día y la noche— y la traslación de la Tierra alrededor del Sol. La combinación de estos movimientos determina si, desde nuestra posición, la Luna quedará a la vista. Según Duffard, para que veamos la Luna durante las horas diurnas deben cumplirse dos condiciones. La primera es puramente geométrica: el satélite debe encontrarse sobre la parte iluminada del planeta. La segunda es una cuestión de brillo y que se produce si "se cumple la condición de que la Luna es más brillante que el cielo", ha detallado el astrónomo en los micrófonos de COPE. Por este motivo, los mejores momentos para observarla son el atardecer o el amanecer. Es imposible verla durante el mediodía, ya que en ese momento se encuentra en la misma dirección que el Sol. Intentarlo, según el experto, "es como intentar ver algo poco brillante en la dirección de una luz muy potente". Además, en esa posición, la cara que la Luna muestra hacia la Tierra no está iluminada por el Sol. "Solamente vemos la Luna porque es luz reflejada", recuerda Duffard. La razón por la que podemos ver la Luna de día, pero no las estrellas, reside en nuestra propia atmósfera. Durante las horas de luz, el cielo adquiere un brillo intenso porque la atmósfera dispersa la luz del Sol, un fenómeno conocido como 'scattering'. "El cielo brilla durante el día porque está iluminado por la luz del Sol. Por eso no vemos las estrellas, porque el cielo es más brillante que las estrellas que están en fondo", ha explicado el astrónomo. Cuando llega la noche, ese brillo atmosférico desaparece y las estrellas se hacen visibles. Sin embargo, en los momentos crepusculares, como el amanecer y el atardecer, "la Luna es más brillante que esa parte iluminada de nuestra atmósfera, y ahí es el momento en que la luna es visible durante el día", concluye René Duffard en su intervención en el programa 'La Noche de Adolfo Arjona'.