Ruth Asawa decía que no le interesaba expresar algo, sino descubrir lo que el material podía hacer. En esa declaración se condensan seis décadas de una práctica que expandió los límites de la escultura moderna.Ruth Asawa: A Retrospective, la gran muestra organizada por el SFMOMA y el MoMA, reúne cerca de 300 obras y presenta, por primera vez de manera exhaustiva, la amplitud de un trabajo que transformó alambre, papel, tinta y bronce en un sistema coherente de pensamiento visual.La exposición revela cómo Asawa convirtió la transparencia, la repetición y la modestia material en un vocabulario estético capaz de desafiar distinciones tradicionales: figura y fondo, interior y exterior, artesanía y alta cultura.Influencias y raíces culturales: de Black Mountain College a MéxicoLa historia suele ubicar a Asawa dentro del modernismo estadounidense y del legado experimental de Black Mountain College, donde estudió bajo la influencia de artistas como Josef Albers y Buckminster Fuller.Pero esta retrospectiva permite trazar una genealogía más amplia. En el centro de esa genealogía está México.A finales de los años cuarenta, mientras colaboraba como asistente educativa en Toluca, Asawa observó con atención la forma en que los artesanos locales construían canastos con una técnica continua de looping: un solo hilo de alambre que se enlaza sin cortes para crear contenedores porosos, flexibles y estructuralmente íntegros.Lo que otros veían como un oficio doméstico, Asawa lo reconoció como un principio formal: una manera de dibujar en el espacio, de generar volumen a partir del aire, de permitir que la estructura se explicara a sí misma.La arquitectura del alambre: formas que respiran y una expansión del arteEse gesto —un hilo que vuelve sobre sí mismo, que crece hacia afuera y hacia adentro al mismo tiempo— se convirtió en la arquitectura de sus esculturas suspendidas.Esas formas alargadas, bulbosas, anidadas, nacieron del asombro de ver cómo las manos mexicanas lograban crear complejidad a partir de una línea continua.En sus esculturas, la sombra pesa tanto como el objeto; la forma depende del vacío; el volumen se construye desde el interior de la luz.La muestra permite observar cómo esta filosofía material se expandió a lo largo de su carrera. En su obra sobre papel —pliegues, cortes— resuena la afinidad estética con el trabajo manual mexicano.En sus bronces se perciben las huellas del alambre, como si el metal hubiera retenido la memoria del trazo. Incluso en sus proyectos públicos, desde fuentes hasta murales, aparece la misma convicción de que una obra puede ser simultáneamente rigurosa y accesible, íntima y común.Transformación social: educación artística y comunidadPero Asawa no solo transformó los materiales; transformó también las estructuras sociales del arte. En San Francisco se convirtió en una figura clave de la educación artística pública, defendiendo la creatividad como parte esencial de la vida cotidiana.Para ella, hacer arteno era un privilegio, sino una extensión natural del aprendizaje y del cuidado comunitario. Esa visión aparece en cada rincón de la retrospectiva, que insiste en mostrar que para Asawa no existía separación entre vivir y crear.Hoy, sus esculturas parecen flotar en un estado de equilibrio perfecto. Son dibujos tridimensionales que respiran. Pero su ligereza no debe engañarnos. Cada una es el resultado de un linaje cultural que atraviesa países, lenguajes y oficios.La exposición reúne cerca de 300 obras y estará disponible en el MoMA hasta el 7 de febrero de 2025.