Este primer domingo de enero, Silió, localidad que pertenece al municipio de Molledo, en el centro de la región, celebra una de sus tradiciones más ancestrales, La Vijanera. Considerado el único bien de interés cultural, etnográfico y material asociado a una localidad concreta en Cantabria, este evento trasciende la idea de una simple fiesta. Se trata de un rito milenario que conecta a los vecinos con sus antepasados, una de las mascaradas más importantes del continente europeo. Quien acude por primera vez debe seguir un consejo fundamental: dejarse llevar. César Rodríguez, miembro de la asociación cultural Amigos de la Vijanera, explica que no es un evento lúdico convencional, sino "una fiesta viva que ha evolucionado durante siglos". "El primer año no se entiende nada, el segundo un poco más", comenta sobre una celebración que tiene sus propios ritmos y reglas, sin gradas ni vallas que separen al público de la acción. Etiquetar La Vijanera como un carnaval o un espectáculo es quedarse "solo una parte, porque la vijanera es mucho más", según explican desde la organización. Es, en definitiva, cultura en estado puro y uno de los rasgos identitarios más antiguos de Cantabria. Su preparación implica a toda la comunidad durante meses, con especial intensidad en las dos últimas semanas, cuando el local de la asociación se convierte en un punto de encuentro intergeneracional. La jornada está cargada de actos con un potente simbolismo. La captura y muerte del oso representa el fin de la hibernación y la renovación del ciclo para acercar la primavera. Por su parte, la lectura de las coplas repasa con sátira la actualidad del último año, mientras que la defensa de la raya reafirma los límites y la identidad del territorio. Para disfrutar de la experiencia, la organización recomienda llegar a Silió antes de las 10:00 horas para evitar aglomeraciones, ya que se espera una gran afluencia. Es importante recordar que el pueblo no cuenta con gradas y los personajes recorren las calles con libertad. Se pide respetar el paso de los vijaneros y ser consciente de que los traperos "tienen palos y hay charcos, con lo cual se puede llegar a salpicar". Además, durante la lectura de las coplas se reparten copias impresas y se solicita un donativo para contribuir al mantenimiento de esta tradición. A pesar del frío, el viento o la lluvia, la celebración sale adelante, ya que, como afirman sus organizadores, "La Vijanera lo vence todo". Cuando la noche cae y los campanos dejan de sonar, en el pueblo queda una sensación de "emoción" y de "estar conectados con algo muy grande". El objetivo, según Rodríguez, es "al menos intentar estar a la altura de la gente que nos lo contó y que nos lo transmitió, y que ellos estarían orgullosos de nosotros", asegurando así la pervivencia del rito un año más.