En España existen más de 44.000 talleres mecánicos registrados, negocios que van desde pequeños locales unipersonales hasta grandes empresas. Detrás de cada reparación se esconde una historia de sacrificio y esfuerzo de emprendedores que, en muchos casos, han puesto todo en juego por su pasión por la mecánica. La inversión inicial para arrancar es una de las primeras barreras, con cifras que oscilan desde los 35.000 euros hasta más de 200.000 euros en función del tamaño y el equipamiento del local. Los propietarios de talleres denuncian un calvario administrativo para poder levantar la persiana. "Te enfrentas a una burocracia asfixiante", señala uno de los afectados. Los testimonios coinciden en señalar la maraña de permisos, licencias y requisitos técnicos exigidos por los ayuntamientos, que a menudo implican costosos informes de ingeniería de miles de euros. "Cada vez que viene un tío con una carpeta, me meto un sablazo. Todo iba de 3.000 en 3.000 euros", lamenta un mecánico. A esta situación se suma la práctica ausencia de ayudas públicas para empezar. "Ayudas no he tenido nada, cero", es una de las frases más repetidas. Muchos han tenido que recurrir a rehipotecar su casa o pedir dinero a familiares. La sensación general es de desamparo, con una presión fiscal enorme que no distingue entre un negocio que empieza y uno consolidado. "Estamos luchando siempre cuesta arriba y contra el viento, porque te crujen, te crujen", sentencia un empresario del sector. Otro de los grandes quebraderos de cabeza es la dificultad para encontrar personal. "Llevo buscando mecánico hace años, no hay", afirma un dueño. La percepción es que "los chavales no quieren ser mecánicos" y que la formación profesional no prepara adecuadamente a los jóvenes. "No saben ni levantar el coche en el elevador ni sacar una rueda", critican. Esta escasez de profesionales cualificados amenaza la continuidad de muchos negocios, hasta el punto de que algunos sienten que "parece que el sector vaya a desaparecer". Contratar, además, supone un coste muy elevado para los talleres. "Meter una persona estamos hablando de, como poco, 3.000 euros al mes", explican. Esta cifra incluye el salario y la alta carga de impuestos y seguros sociales, lo que dificulta enormemente la ampliación de las plantillas y el crecimiento de los negocios, que ven cómo se acumula el trabajo sin poder asumirlo por la falta de mano de obra. El avance de la tecnología en los vehículos obliga a los talleres a una constante renovación y formación para no quedarse atrás. Sin embargo, la llegada del coche eléctrico genera más dudas que certezas. "Nos están confundiendo mucho con los vehículos eléctricos, no saben para dónde llevarnos", indica un profesional. La mayoría se muestra escéptica y critica la imposición de un modelo que consideran que no está maduro. Yo creo que el eléctrico no es lo que nos han vendido y que no tiene el recorrido o el futuro tan inmediato como nos han intentado imponer", opina uno de los mecánicos entrevistados. Muchos talleres admiten no estar preparados para reparar estos vehículos más allá de mantenimientos básicos como neumáticos o frenos, en parte porque la formación es costosa y porque la tecnología, muy compleja y cerrada, a menudo les deja fuera de juego. El peaje de levantar un negocio como este es, sobre todo, personal. Los dueños hablan de jornadas maratonianas que empiezan a las seis de la mañana y se alargan hasta pasadas las diez de la noche, incluyendo fines de semana. Este ritmo de trabajo implica "sacrificar tiempo para tu familia", como reconoce la mayoría. "He tenido dos hijos y la baja de paternidad ha sido de dos días", confiesa uno de ellos, un testimonio que refleja el alto precio del emprendimiento. A pesar de las dificultades, el sector sobrevive gracias a la pasión y la resiliencia. La mayoría coincide en que, si se gestiona bien, "se puede ganar dinero con un taller", aunque sin hacerse multimillonario. El futuro, sin embargo, lo contemplan con incertidumbre, marcados por la amenaza de las restricciones a la movilidad y la sensación de que se quiere arrinconar al vehículo privado, pero con la esperanza de que la profesionalidad y el buen servicio sigan siendo la clave.