En Europa ya no se inventa el futuro. Se regula y se legisla sobre él. Y en esa paradoja se esconde la decadencia más educada del siglo XXI

Durante siglos fue el epicentro del ingenio, la ciencia y la industria. Hoy, Europa envejece entre reglamentos, nostalgia y discursos sobre valores, mientras las revoluciones tecnológicas nacen en California o Shenzhen. La civilización que dio forma al progreso, ahora solo lo administra.