En Casa Ezquiel, el negocio de comida y embutidos de Villamanín regentado por este vecino a quienes todos se refieren como Ziqui, no paran de entrar visitantes y comensales. Gente de paso, y también del pueblo. Sus desayunos son apoteósicos y los bocadillos pueden alcanzar el tamaño de un cachorro de tres meses. Tazones de chocolate humeantes, cecina cortada a mano, rosquillas y pastas que resucitarían a un muerto. Ya ni hablar de la carta: platos contundentes, con raciones en abundancia y un menú de mediodía de 17 euros que mantiene hasta la bandera los cinco comedores de un establecimiento principal. Si alguien quiere enterarse del asunto de la lotería, tiene que detenerse aquí. «Perdone —un camarero extiende un teléfono... Ver Más