Cada cierto tiempo alguien se detiene a saludar a Juan José Aguirre en las calles de Córdoba, la ciudad en la que nació en 1954 y que ha cooperado en todo lo que ha sacado adelante en Bangassou , su diócesis en la República Centroafricana, donde trabaja desde 1980 y de la que es obispo desde hace un cuarto de siglo. Lo abrazan, le preguntan, le piden una bendición. Cuando estaba entrevista se publique ha regresado allí, con un pueblo al que admira y del que espera un futuro brillante con sus propios recursos. -Ha hablado mucho de la pobreza y la enfermedad, pero Bangassou, y toda la República Centroafricana, es una tierra masacrada por la guerra. ¿Por qué no sabemos nada de ella? -África es un continente que interesa mucho. Hemos visto cómo Trump bombardeaba los campamentos del ISIS en el norte de Nigeria, y esa noticia salió porque la protagonizó Trump . Lo hicieron diciendo que, y es verdad, atacan iglesias, e incluso las queman con gente dentro. Lo que no dicen es que los misiles Tomahawk que fueron lanzados desde un avión matarían a 100 mercenarios del ISIS, pero también a 400 personas que estaban con ellos, sobre todo de una etnia que se llama los peul. Últimamente sabíamos que los del ISIS secuestran sistemáticamente a las mujeres peul para llevárselas al campamento. -¿Sigue esa violencia tan cruda? -En Centroáfrica no. En otros sitios sí, en otras guerras olvidadas o guerras de mediana intensidad. En Centroáfrica han llegado los rusos de la División Wagner , han echado a los islámicos radicales y ya estamos más tranquilos. Podemos ir a las capillas , podemos hacer nuestro apostolado, predicar el evangelio, poner proyectos en marcha. Pero yo sé que hay sitios en Sudán del Sur y Sudán del Norte donde es horrible, y en el norte de Mozambique también. Hay guerras olvidadas y guerras latentes que siguen allí en un continente muy rico, que va a ser la esperanza de aquí a 30 años, pero que ahora está sumido en muchas violencias. -¿Por qué se combate allí? -Se pelea por el oro, el platino, el coltán, el tantalio , el platino, el oro, los diamantes. Grupos militares de un sitio y de otro no podrían nunca tener el material bélico que tienen sin estar apoyados por países que están detrás. Si a unos los apoya Estados Unidos , a otros Arabia Saudita y a otros Rusia. Hay socios de empresas que tienen muchísimo interés en tener en el tantalio, el coltán o el platino. El tantalio es el componente electrónico que aparece en la electrónica de los drones y los misiles. Quien tiene el control de estos minerales tiene el control de la guerra, de la fabricación de drones y misiles. -¿Se hacen guerras por tener material para seguir librando guerras? -Exactamente, es todo un bucle, y se hace la guerra para ganar territorio y ganar territorio es tener zonas donde buscar los minerales . Liberar toda una zona, incluso utilizando la violencia como arma de guerra, para poder hacer un campamento, explotar una mina y todo lo que haya. África tiene muchos minerales, tiene la materia prima . En el futuro, dentro de 20 o 30 años, cuando África sea capaz de tener la maquinaria para extraerla ella misma sin depender de nosotros, será el continente más desarrollado. -¿Tiene esperanza de que sea así? ¿Los dejarán los europeos? -Dentro de treinta años, tengo la esperanza. Europa está en una decadencia manifiesta, y se ve en la natalidad, se ve en el rechazo de muchísimas jóvenes de ser madres, en la caída de la religiosidad. En África el 40% de su población , de sus mil millones y pico de personas, tiene menos de 15 años . En África está el futuro. Los que vienen a Europa vienen como los primeros de la clase, pero hay miles y miles como ellos que se quedan en África y van a hacer sea un continente de futuro . -Aquí muchos ven su llegada como un problema. ¿Lo ve así? -No, en absoluto. España necesita jóvenes, necesita familias. Yo lo veo desde la otra parte y los veo salir, cómo se juntan las familias y mandan al mejor, al primero de la clase, a la isla de El Hierro . Arriesgan y muchísimos mueren. Son la punta del iceberg del movimiento que hay en África, de jóvenes que se mueven de un sitio para otro. Los que llegan han cogido sitio, se han instalado, han entrado en una escuela profesional en el País Vasco , en los barcos senegaleses. Están en el pastoreo , en Castilla y León. Hablamos de la inmigración negativa, la que nos produce choque, la de quienes se pelean en Badalona, pero eso es la punta del iceberg. Hay mucha inmigración negra, porque son los mejores, ya se han instalado. Si todas las mujeres de América Latina que trabajaban cuidando a personas mayores se pusieran de acuerdo para hacer una huelga el mismo día, se paralizaría España. -¿Para esos países no supone perder mucha fuerza de personas jóvenes que podrián trabajar por sus países? -Los millones de inmigrantes negros de Centroáfrica se van hacia el Congo, se van hacia el Chad, no se vienen a Europa , no tienen medios. Para venir a Europa las familias tienen que juntarse, encontrar dinero, pagar la primera barrera; pagar la segunda, que es el carburante; la tercera, que es la policía: la cuarta, que es acercarse a la playa: la quinta, que es comprar un cayuco; la sexta, que es comprar carburante: la séptima, que es comprar un teléfono con el número de salvamiento marítimo de El Hierro . Hay que tener dinero para eso. Las familias se juntan, venden cosas. También me preguntan por las mafias. -¿Y qué contesta? -Un mal menor, un mal necesario. En 1939, cuando hubo cantidad de españoles que cruzaron los Pirineos y se fueron a Francia, a aquellos pastores que les facilitaron las rutas también los podemos llamar mafias. Nuestro gran poeta, Antonio Machado , seguramente pagó a alguien que le llevó a Francia. -Recuerdo que de niño venían misioneros al colegio y hablaban de la pobreza de sus países, y eso me creaba complejo de culpa. ¿Tenemos la culpa los occidentales y los españoles de que lo pasa allí? -Culpa no tenemos. La ruleta de la fortuna nos ha hecho nacer donde hemos nacido. Hay un movimiento a lo largo de la vida que sí puede hacernos, de alguna manera, un poco culpables. Sólo la indiferencia nos hace cómplices de cómo se vive en África. Votamos a un político y favorece una indiferencia brutal hacia un pueblo, que es el de Centroáfrica, en donde se podría vivir muchísimo mejor si alguien se hubiera empeñado. En ese sentido sí creo que somos culpables . -¿Qué es lo contrario de la indiferencia? -Lo contrario es mojarse. Es leer, entrar en internet y leer qué pasa. Conocer incluso la Iglesia , los que son religiosos, leer cómo son aquellas iglesias, que van a cambiar Occidente. Hoy África tiene ya 100.000 sacerdotes, tiene cantidad de vocaciones. Yo tengo una monja vietnamita, en el hospital, y es maravillosa. Una Madre Teresa viva. -¿Qué podemos hacer aquí? -Primero interesarnos. Luego salir de nuestro propio ombligo. Para los que son creyentes, la oración es importantísima. Podemos también hacer una ayuda económica , no quedar indiferentes ante tantas campañas que se hacen, porque hacen falta. No sabemos quién lo va a hacer, quién lo va a distribuir. Y que sea esto una excusa para no compartir absolutamente nada, me parece que es una excusa muy débil. Compartamos también lo que tenemos, lo que Dios nos da, lo que ganamos con nuestro sudor y Dios nos dará el ciento por uno. -¿Cómo ha cambiado Bangassou en estos 45 años? -Era un pueblo pacífico, muy religioso y piadoso. El Evangelio se lo bebían como una esponja. Eso fue hace 45 años cuando llegué en el 80. Luego en los años 90, llegaron desde fuera unos grupos, la Armada de Resistencia, y luego otros. Hemos visto muchas personas muertas. Hemos tenido el kalashnikov apuntándonos en la cabeza muchas veces. Hemos hecho muchas fosas comunes para enterar a la gente que se estaba pudriendo. Hemos intentado reconstruir, dar proyectos de futuro, animar a la gente. No se ahogan a un vaso de agua, aunque la guerra no es un vaso de agua. -¿Cunde el desánimo? -De ninguna manera. Decimos cuando falta la esperanza, que queda la esperanza de volver a tener esperanza. El Señor es el dueño de la historia. Él es el que, de alguna manera, nos ha protegido en todos sitios. Cuando algunos dicen, «¿y Dios qué hace en esa guerra que habéis tenido?». Me ha hecho a mí, a mis manos , a mis pies, a mis ojos, a mis oídos, para estar allí en su nombre. Muchas veces estaba en una fosa común enterrando muertos y notaba a Dios que estaba detrás mío, llorando también, porque Dios llora en todas las guerras. -¿El problema es que no escuchamos a Dios? -Dios no tiene Whatsapp, pero nos habla de muchas maneras. Con sugerencias, nos habla a veces con un libro, con una persona. Incluso con una frase que sale en una película de la televisión . Y me vuelve al día siguiente, como la ola vuelve a la playa. Y Dios me está diciendo algo, porque al tercer día también me vuelve, y al cuarto día también. -¿Usted lo ha escuchado? -En mi vida he creído oír la voz de Dios, de muchas maneras. En momentos de desánimo, sí, sí, no te tengas miedo. En la Biblia hay esta expresión, «no tengas miedo», más de 365 veces, una para cada día. Estábamos delante de un grupo de tiradores, que disparaban a una mezquita. Nos pusimos como escudos humanos y nos pasaban las balas rozando, las escuchábamos. A los demás le decía siempre, mira, no tengas miedo, que como dice el Salmo 90, «caerán a tu izquierda mil y diez mil a tu derecha, pero a ti no te tocarán». -¿Cómo se hace frente al miedo delante de un soldado bajo los efectos de la droga? -El corazón palpita, eso es normal, es muy humano. Yo me echo la mano al bolsillo, saco el rosario . Está hecho por mis catequistas, por mi gente de allí. La presencia de la Virgen María me da mucha paz en mi vida y va a ser más fuerte que el soldado. Una pequeña reflexión al tocar el rosario es simplemente pensar que Dios está ahí ayudándote y el miedo se va. El miedo es libre, como el llanto de los niños, y también hay personas que lo saben dominar y que se descontrolan. -¿Qué se aprende de la vida y de la forma de ser de las personas allí? -La gente con la que yo vivo es tremendamente religiosa. Allí no existe la frase Dios no existe. No la he oído nunca. La frase no tengo hambre no existe. Se come una sola vez al día, si no te gusta, pues te quedas sin comer 48 horas. He vivido muchos años a siete días de coche del primer teléfono y del primer médico , y he encontrado gente sencilla, muy pobre. Viven con tres euros y tienen una enorme capacidad de desdramatizar. La vida es muy corta y la muerte donde yo vivo está muy barata.