El Palacio de la Merced, uno de los edificios más emblemáticos de Córdoba, es conocido oficialmente por su valor histórico, artístico y administrativo. Sin embargo, más allá de su fachada barroca y de su función como sede de la Diputación Provincial, el inmueble ha ido construyendo con el paso del tiempo unas experiencias, menos documentada pero muy presente en aquellos que las han vivido y que podría relacionarse con quienes lo han habitado, trabajado o recorrido de noche. Una historia donde la arqueología, la espíritus y los fenómenos inexplicables parecen confluir. Levantado en el siglo XVIII sobre el solar del antiguo convento de la Merced Calzada , el edificio se asienta, a su vez, sobre estratos mucho más antiguos. Bajo sus suelos se han identificado restos de una necrópolis romana , un hipogeo funerario, estructuras termales y un antiguo baptisterio reutilizado durante los primeros siglos del cristianismo. Este dato, puramente arqueológico, ha sido clave para que algunos investigadores planteen una primera hipótesis: el Palacio de la Merced no es solo un contenedor de Historia, sino un espacio de superposición de usos sagrados, funerarios y asistenciales durante casi dos mil años. Durante siglos, el convento fue un lugar de recogimiento, oración y disciplina monástica. Posteriormente, tras la desamortización del siglo XIX, el edificio se transformó en hospicio , acogiendo a miles de niños huérfanos en condiciones duras, marcadas por la escasez y la pérdida. Más tarde, en el siglo XX, pasó a desempeñar funciones administrativas, tras profundas reformas arquitectónicas. Este tránsito continuo de significados —de templo a refugio, de refugio a institución— ha alimentado la idea de que el edificio pudo haber absorbido una carga emocional excepcionalmente intensa. Los primeros testimonios datan de hace ya décadas sobre fenómenos extraños comienzan a circular de forma más consistente a partir de las grandes restauraciones del último tercio del siglo XX . Operarios y técnicos que trabajaron de noche relataron episodios difíciles de explicar como eran sonidos de pasos en zonas vacías, cambios bruscos de temperatura y, en algunos casos, cánticos que parecían proceder de niveles subterráneos sin actividad humana. Aunque nunca se registraron oficialmente, estos relatos se repitieron con suficiente frecuencia como para convertirse en parte de los comentarios internos del edificio. Uno de los episodios que más ha contribuido a esta fama fue una sesión de ouija realizada en las criptas a finales de los años noventa. Quienes aseguran haber participado coinciden en que, tras aquella noche, comenzaron a intensificarse ciertos sucesos anómalos. Mensajes inquietantes, ruidos sin origen definido y una sensación general de incomodidad llevaron a los presentes a no repetir la experiencia. Desde entonces, la ouija se ha convertido en un punto de inflexión dentro del relato paranormal del palacio. A raíz de esos hechos, algunos trabajadores –cuya identidad no se puede facilitar- comenzaron a hablar de un «antes y un después». Se registraron fallos eléctricos recurrentes en salas concretas, sobre todo en aquellas donde se conservan piezas de arte sacro procedentes del antiguo convento. Objetos que aparecían ligeramente desplazados, luces que se apagaban sin causa aparente y sensores activados sin presencia detectable dieron lugar a la elaboración de informes internos que, aunque nunca trascendieron al ámbito público, alimentaron la inquietud entre el personal. Los vigilantes nocturnos han sido, históricamente, los principales testigos de estas experiencias. Varios de ellos afirman haber visto una figura o silueta recorrer el claustro principal en las horas previas al amanecer. La descripción se repite con sorprendente coherencia: una silueta oscura, silenciosa, que no parece tocar el suelo y que desaparece al ser observada directamente. Algunos la identifican con un antiguo monje; otros prefieren no ponerle nombre. Lo significativo es que quienes la han visto coinciden en que la experiencia no resulta agresiva, sino profundamente inquietante y solemne. Desde el punto de vista de la investigación paranormal, una de las teorías más citadas para explicar estos fenómenos es la de la energía residual. Al respecto Rafael de Alba, destacado médium, indica que según este planteamiento, los edificios sometidos durante siglos a emociones extremas —como de fe intensa, sufrimiento, muerte, reclusión— pueden conservar una especie de «huella» que se manifiesta de forma repetitiva. No se trataría de entidades conscientes, sino de impresiones energéticas que se reactivan bajo determinadas condiciones, como el silencio, la oscuridad o incluso la sugestión colectiva. El incendio de la iglesia en 1978 añadió otro capítulo traumático a la historia del lugar. El fuego destruyó el retablo mayor y dejó un tremendo daño material y simbólica. Algunos restauradores aseguraron que, años después, seguían percibiendo olor a madera quemada en ausencia de cualquier fuente real. Otros afirmaron sentir una presencia constante durante los trabajos de reconstrucción, como si el edificio reaccionara a la intervención humana. Hoy, el Palacio de la Merced continúa cumpliendo su función administrativa con normalidad. No ha habido más declaraciones –que se conozcan- sobre fenómenos extraños ni se promueve su imagen como lugar misterioso. Sin embargo, en los pasillos, entre empleados veteranos y vigilantes, las historias siguen circulando en voz baja. Nadie afirma tener pruebas concluyentes, pero pocos dudan de que el edificio posee una atmósfera singular, difícil de describir y aún más difícil de ignorar. Tal vez el Palacio de la Merced no sea un edificio «encantado» en el sentido clásico. Quizá sea algo más complejo: un espacio donde la historia no solo se conserva en archivos y muros, sino también en sensaciones, ecos y silencios. Un lugar donde el pasado, lejos de desaparecer, parece encontrar la forma de seguir presente. *Si ha tenido alguna experiencia paranormal, de cualquier tipo, no dude en comunicarse conmigo. Investigaré gratis su caso (como siempre lo hago) y trataré de ofrecerle respuestas: contacto@josemanuelgarciabautista.net