Nos hemos enganchado desde la ROSS al carro de los conciertos de año nuevo, aunque hay que reconocer que es de los pocos -o casi el único- repertorio que llena el Teatro, todo un alivio económico, pero además supone un acercamiento a un público no habitual, al que ya se le adelantaban próximas propuestas similares, como la interpretación de la banda sonora de 'Jurassik Par k' en Fibes con la proyección de la película y la actuación de la orquesta en vivo. Esta aproximación de otro público se complementa con otras propuestas, como el concierto de Navidad, donde Dmitrienco proponía la asistencia a este concierto de año nuevo, que junto a otros futuros como 'Reza Sevilla' , más abonos especiales como los previstos para los jóvenes pretenden romper ese 'muro' por el que se ve a una orquesta como algo distante. La del concierto de año nuevo se trata de música directa, conocida, o por lo menos fácil de digerir. Todo lo cumplía la obra que abría el programa la obertura de 'La gazza ladra' de Rossini , sobre la característica melodía brillante, contagiosa y llena de vida del de Pésaro, a la que además no le falta esa dosis de solemnidad para la apertura del concierto, gracias a las fanfarrias de los metales que atronaron convenientemente ese inicio. Luego, una estructura diríamos que previsible, con una forma sonata sin desarrollo y con introducción más dos temas muy rossiniamos, y los 'crescendi' finales, marca de la casa y garantía de embeleso. Mozart no es invitado habitual para este tipo de programa, pero sí compartía el optimismo común: hablamos del 'Exultante jubilate' , que además nos presentaba a la soprano Chen Reiss , artista residente en la presente temporada. Nos traía esta pieza calificada como 'motete', aunque es en realidad una escena de concierto, que sigue el esquema de la sinfonía italiana (rápido-lento, una suerte de recitativo-rápido) y una instrumentación poco habitual (2 oboes, 2 trompas, cuerdas y órgano). Reiss tiene una hermosa voz, tal vez no sobrada de volumen, pero muy elegante, como su porte, con una dicción clarísima y una amplia red de matices que nos encajaba perfectamente en la voz operística mozartiana. Y por si faltara poco, posee unas coloraturas finalmente exigentes sobre una articulación muy bien trabajada, que culminaba en un Do sobreagudo. Desde Rusia, Chaikovski también tenía algo que decir con respecto a los valses: los suyos se pueden bailar, pero no tanto en los selectos salones vieneses, sino más bien en el ballet que tanto le gustaba a su público, y cuya factura estaba muy cuidada y elaborada. Hablamos del 'Vals de las flores' : donde cobraban importancia las trompas como protagonistas, así como flautas, oboes, clarinetes, etc., sin olvidar la cuerda, con la cual alternaba el protagonismo del viento. Momento estelar, conocido y esperado por todos en el inicio, el del arpa, estuvo a cargo de la solista Daniela Iolkicheva. Hemos de decir aquí que estos instrumentos solistas con frecuencia se confundían con los que acompañaban, resintiéndose un tanto de la claridad necesaria. Brahms sentía pasión por el folclore húngaro, por esos intensos ritmos y temas magiares hasta el punto de escribir cuatro cuadernos de danzas húngaras , que luego orquestaría él mismo o lo harían otros sobre las que les resultaban más atractivas. La que más y la más famosa, la nº 5 , se inspira en los 'Recuerdos de Emlék', del húngaro Béla Kéler, pieza en la que hay en su sección central momentos de 'rallentando' en el que la conjunción global es necesaria, y que así fue en la mayoría de los casos. En cuanto a la agógica nos pareció precipitada: puede ser rápida, pero corre el riesgo de caer en esta posible 'trampa'. Hay que decir que el maestro onubense dirigió todo el concierto de memoria, lo que en principio le permitiría estar más pendiente de los detalles, al no tener que anclar su vista en la partitura. En 'Eljen a Magyar!' Op. 332 de Johann Strauss II , aunque también nos pareció rápida, sin embargo hubo un mayor equilibrio entre las cuerdas y el viento, especialmente en los metales. Otro momento especial vino con las 'Czardas' de 'El Murciélago' de Strauss , donde la soprano Reiss, ya con el registro más rodado (aunque no tanto como necesitan otros cantantes, donde la diferencia es abismal), mostró de nuevo una voz bonita, especialmente en la zona media-alta, versátil con los cambios de ritmo y de humor. Empezó dando un Si sobreagudo y alcanzó un Re final, breve como el de un brindis. La 'Vista de artista' op. 316 (Strauss II) no nos resultó muy animada, pero en cambio sí la 'Meine Lippen' de 'Giuditta' (Léhar) , con su aire de pasodoble o al menos español (castañuelas incluidas), que Reiss hizo aún más atractivo al jugar con la 'suspensión' momentánea del tiempo en 'Mis labios dan un beso' , terminando con un Si natural. Aprovechamos para agradecer a la ROSS los sobretítulos, imprescindibles para el completo seguimiento de las obras vocales. No es muy difícil de entender. Terminó el concierto con el largo y sinuoso 'Danubio azul' (Strauss II) y la consabida 'Marcha Radetzky' (Strauss) .