La prudencia de Sheila y la turbulencia de Mounir: así afecta a Lamine Yamal la relación entre sus padres

Lamine Yamal ya se ha convertido en uno de los grandes nombres del fútbol europeo pese a tener solamente 18 años. Al margen de sus logros deportivos , también está marcado por una historia familiar compleja que ha ido creciendo en paralelo a su fama. Su madre, Sheila Ebana , representa en su mundo la discreción y el recogimiento: apenas aparece en público, solo se manifiesta para felicitar a su hijo y siempre se ha mantenido alejada de polémicas. En el extremo contrario, su padre, Mounir Nasraoui , ha protagonizado en los últimos años varios episodios conflictivos que han terminado acaparando titulares y eclipsando, en ocasiones, la carrera del futbolista. La diferencia entre ambos no es una percepción reciente: es un contraste que con el tiempo se ha ido haciendo evidente y que ahora vuelve a ponerse sobre la mesa por hechos concretos. El episodio más grave que acaparó titulares ocurrió en agosto de 2024, cuando Mounir fue apuñalado en un aparcamiento de Mataró tras una discusión que derivó en una agresión en grupo. El padre del jugador tuvo que ser hospitalizado con heridas profundas, aunque se recuperó pocos días después. El suceso provocó un revuelo mediático inmediato por dos razones: por la gravedad de la agresión y porque no era la primera vez que su nombre aparecía vinculado a altercados en la vía pública . En su barrio, Rocafonda , algunos vecinos hablaban de discusiones previas y de un carácter propenso al enfrentamiento. Sheila , en cambio, ha encarnado siempre la cara opuesta. Llegó joven a Cataluña y construyó su vida alrededor de su hijo, apostando desde el principio por su futuro deportivo. Mientras él daba sus primeros pasos en el Barcelona, ella se mantuvo en un discreto segundo plano . No habla con la prensa, no interviene cuando estalla una polémica y prefiere un perfil bajo que ahora, con la fama global del joven, se ha convertido en un valor añadido. Cada vez que una figura pública felicita a Lamine o logra una meta deportiva, Sheila simplemente escribe «orgullosa de ti» , sin añadir nada que pueda convertir su voz en ruido. Ese estilo ha contribuido a que, dentro del círculo íntimo del jugador, ella se haya convertido en su principal apoyo emocional y la referencia que pone calma en los momentos de tensión. La diferencia entre ambos progenitores también se entiende si se observa la historia familiar. Sheila y Mounir se conocieron en Mataró , pero su relación no prosperó demasiado tiempo. Cuando Lamine tenía apenas tres años, la pareja se separó, y fue Sheila quien asumió casi por completo la crianza del niño y su acompañamiento en el deporte. Mientras ella se ocupaba de llevarlo a entrenar y de mantener la estabilidad doméstica, él mantenía una presencia más intermitente y, con los años, más mediática. Este contraste se ha acentuado conforme Lamine ganaba relevancia pública. La fiesta de su 18 cumpleaños, en verano de 2025, fue un ejemplo claro. El evento en Barcelona llamó la atención por ciertos detalles que desataron críticas entre seguidores y medios. En medio de las interpretaciones, la única voz familiar que se dejó oír fue la de Sheila, que felicitó a su hijo con una frase breve y sin alimentar controversias. El padre, sin embargo, reapareció alegando que todas las críticas eran fruto de la envidia hacía su hijo. A todo esto, hay que añadir que Lamine, por su propia trayectoria, ha vivido también polémicas personales que han amplificado el interés sobre su familia. Insultos racistas en estadios, enfrentamientos verbales en redes, análisis exhaustivos sobre su comportamiento dentro y fuera del campo… Nada especialmente extraño para una figura tan joven y expuesta, pero sí suficiente para que cada movimiento de su entorno adquiera otra dimensión. Y en ese contexto, la diferencia entre la prudencia de Sheila y la turbulencia alrededor de Mounir se hace aún más evidente. En el contraste entre ambos progenitores se esconde una verdad que a menudo se pasa por alto: Lamine está creciendo en mitad de un torbellino de fama que no siempre controla. Se ha convertido en una de las grandes promesas internacionales , con un contrato histórico, una repercusión global y una presión constante . Y mientras él intenta gestionar su carrera deportiva, su entorno familiar sigue siendo observado como si formara parte de su rendimiento. A veces, el ruido exterior no proviene del jugador, sino del eco que generan quienes están a su alrededor. La relación entre sus padres no es buena , y eso no ayuda. Aunque su relación no está marcada únicamente por la confrontación. Cada uno representa un polo distinto en el contexto del ascenso meteórico de su hijo. Uno busca protegerlo en silencio; el otro, a veces sin quererlo, se convierte en noticia. Uno se sitúa en la calma; el otro, en el ruido. Y entre ambos crece un futbolista que trata de encontrar su lugar en una vida que ya pertenece tanto a él como al imaginario colectivo.