Lo perverso, maligno, cruel, destructivo y tantos otros calificativos que describen las entrañas del mal, suele ser estruendoso, sonoro, enfático. Genera dolor. Es tóxico y no conveniente para la salud emocional. Pero atención, a veces es sutil, silencioso. Se desplaza como una serpiente. Espera pacientemente a la presa para atacarla y devorarla. En nuestra vida diaria debemos aprender a cribarlos de forma rápida, apartarlos. Su toxicidad siempre genera dolor. No aportan nada en lo moral, generan pérdida de salud. En algunos casos son el primer paso para la autodestrucción. Todos conocemos a personas, en ocasiones cercanas, a las que un personaje tóxico las ha anulado y destruido.