Fabrica gigantes y los saca a pasear. Reparte ilusión y fantasía en el gran teatro de la calle. Marionetas y muñecos sostenidos en el aire; vehículos mutantes. Todo empezó hace poco más de tres décadas con un muñeco grandullón de cinco metros de altura parido y crecido en los talleres de Carros de Foc llamado «Federico, el demonio mecánico». Luego aparecieron ante el público decenas de estatuas en casi todo el planeta, entre la magia y la fantasía: caballos, gorilas, águilas, toros, guerreros tribales, diosas, marineros o ángeles y demonios. Y personajes mitológicos o leyendas de los pueblos olvidados en los bosques, en los montes, en el altiplano o en el desierto.