De entre todos los elementos que dotan de su enorme poder de fascinación al relato «La isla del tesoro» de R. L. Stevenson, el propio título no es uno de los menores. Es típico de los tesoros estar escondidos y estarlo en lugares que a su vez también hay que encontrar: islas en medio de la inmensidad de los océanos inexplorados, y que la literatura oriental transforma en cuevas en desiertos sin límites. Adentrarse en unos u otros es siempre una aventura de suerte incierta.