En una carta enviada en 1829 al encargado de negocios británico destacado en Bogotá, Simón Bolívar opinaba sobre los planes de traer un príncipe europeo para que lo sucediera en el gobierno de la Gran Colombia. El libertador temía, sin embargo, que una intervención extranjera no aplacaría las ambiciones desmedidas de los líderes de turno ni mucho menos mitigaría la desigualdad social que desgarraba a la república que él fundó. “¿Usted cree que Gran Bretaña quedaría satisfecha con un Borbón” o que “las naciones americanas, en especial Estados Unidos, destinada por la Providencia para ser la plaga de América” y eterno tormento “en nombre de la libertad”, estarían de acuerdo con ese plan? Todas las repúblicas de la región llamarían a una cruzada y se desataría una conspiración universal contra la Gran Colombia. En ese escenario, las potencias occidentales mirarán al otro lado debido a que el Nuevo Mundo no valía una Santa Alianza a pesar, afirmaba Bolívar, de las inmensas riquezas que contenían tanto Colombia como su natal Venezuela.