La niña que cuidaba a sus padres

Una mujer de cuarenta años, madre de una niña de siete, se siente tan desdichada, tan incomprendida, que decide quitarse la vida. No le dice a su esposo, abogado de un banco, que ha resuelto suicidarse. Se lo dice a su hija. Tendida en su cama, la mujer llama a la niña, le muestra unos frascos de pastillas y le dice que va a tomar esas pastillas porque necesita dormir. Le dice a su hija: me voy a dormir y ya no voy a despertar más, porque estoy cansada de vivir. La madre llora al despedirse de su hija. La niña no sabe qué hacer para impedir que su madre tome esas pastillas que la dormirán para siempre. La madre le dice a su hija: debes ser fuerte, debes cuidar a tu papá, debes sacar buenas notas en el colegio. La niña le dice: no quiero que te duermas, no quiero que te vayas, no me dejes sola. La madre toma las pastillas, mientras su hija la observa, pálida, sollozando, temblando de miedo. La madre quiere a su hija, pero no desea seguir viviendo, está desesperada por descansar. La niña se siente culpable de que la madre prefiera irse a dormir para siempre, antes que seguir viviendo con ella. La madre se hunde en un sueño mórbido, profundo. Desolada, la niña llora a su lado, sin saber qué hacer. Luego se tiende al lado de su madre y trata en vano de conciliar el sueño. Al día siguiente, la madre despierta. Ha querido matarse, pero no lo ha conseguido. La niña vivirá con esa culpa el resto de su vida.