Europa está a meses de registrar un hito demográfico que no ocurre desde la Peste Negra: está encogiendo literalmente

En junio aparecieron los últimos datos de Eurostat situando la edad mediana de la UE en 44,7 años (y creciendo). La lectura entonces parecía más o menos clara. El hundimiento demográfico de Europa le estaba acercado a un umbral invisible antaño impensable: edad media de 50 años . Medio año después, los datos no han mejorado. Contracción histórica. Sí, Europa se encamina hacia un punto de inflexión demográfico sin precedentes desde la Peste Negra del siglo XIV. Tras décadas de descenso sostenido de la natalidad, la población de la Unión Europea alcanzará su máximo el próximo año y comenzará después una caída prolongada , la primera de este tipo en siglos. No se trata de un ajuste coyuntural, sino de un cambio estructural profundo que amenaza con redefinir la economía, el Estado del bienestar y el equilibrio social del continente. La alarma no nace solo del número total de habitantes, sino de la velocidad del envejecimiento y del adelgazamiento de la población en edad de trabajar, sobre la que descansan los sistemas de pensiones, sanidad y cuidados construidos durante generaciones. En Xataka La RAM se ha encarecido tanto que ya distorsiona el mercado. Acaban de aparecer en escena los ordenadores “preensamblados” El pánico político y una carrera. Contaba el Washington Post que, ante este panorama, gobiernos de todo signo ideológico han entrado en una carrera contrarreloj para comprobar si una combinación de incentivos económicos, políticas públicas y mensajes culturales puede revertir (o al menos frenar) la caída de la natalidad. En los países nórdicos, durante décadas exhibidos como modelo de conciliación y bienestar, se han creado comisiones de expertos para entender por qué sus sistemas no evitaron el desplome de la fertilidad . En Francia, el discurso ha adquirido un tono casi militar , con llamamientos a una “rearme demográfico” tras una caída del 18% en los nacimientos en apenas diez años. En el este y el sur del continente, especialmente en países gobernados por fuerzas nacionalistas, la respuesta ha sido más directa: dinero, ventajas fiscales y una exaltación explícita de la familia tradicional como pilar de la nación. Incentivos y resultados. Italia ofrece bonificaciones a madres trabajadoras con dos o más hijos. Polonia ha incrementado de forma notable las transferencias mensuales por hijo y ha ampliado las desgravaciones fiscales para familias numerosas. En el papel, estas políticas parecen contundentes, incluso envidiables desde países como Estados Unidos, donde el coste de criar hijos es citado de forma sistemática como el principal freno a la natalidad. Sin embargo, la experiencia europea muestra un patrón repetido: incluso los programas más ambiciosos apenas logran ralentizar el descenso, no invertirlo . El problema no es la falta de esfuerzo público, sino la magnitud del fenómeno al que se enfrentan. Hungría, el laboratorio. Ningún país encarna mejor las ambiciones y los límites de esta estrategia que Hungría. Durante más de una década, el gobierno ha desplegado un sistema de ayudas de una generosidad comparable a la escandinava, destinando alrededor del 5% de su PIB a políticas familiares, una proporción superior a la que Estados Unidos dedica a defensa. El abanico de medidas es amplio : permisos para abuelos, hipotecas subvencionadas para matrimonios jóvenes, préstamos de hasta 30.000 dólares que se convierten en subvenciones si la familia tiene tres o más hijos, y exenciones fiscales de por vida para mujeres con tres hijos, ampliadas a madres de dos hijos menores de 40 años a partir del próximo año. El mensaje es claro: tener hijos no solo es deseable, es una cuestión de supervivencia nacional. Éxitos iniciales. Recordaban en el Post que durante un tiempo, los datos parecieron dar la razón a esta apuesta. La tasa de fertilidad húngara pasó de uno de los niveles más bajos de Europa a cifras que sugerían una recuperación sostenida. Pero el alivio fue efímero. En los últimos años, la tendencia se ha revertido y el país ha vuelto prácticamente a la media europea. Para algunos demógrafos, el programa no generó nuevos nacimientos, sino que adelantó decisiones de quienes ya planeaban tener hijos. Otros señalan que, aunque el impacto sobre la fertilidad sea limitado, las políticas han coincidido con un aumento del matrimonio, una reducción de la pobreza infantil y una mayor participación laboral femenina . La pregunta clave es si esos beneficios colaterales justifican el enorme gasto público. Límites del estado. Más allá de los cheques y las exenciones fiscales, la decisión de tener hijos sigue siendo profundamente personal y cada vez más compleja. El encarecimiento de la vivienda, la inflación persistente y la precariedad laboral pesan tanto o más que cualquier incentivo. A ello se suma un factor que rara vez se reconoce en el debate político: muchos de los motores del descenso de la natalidad son avances sociales que nadie quiere revertir. El acceso generalizado a la anticoncepción, la caída del embarazo adolescente y el aumento de la educación y las oportunidades profesionales para las mujeres han transformado la maternidad y la paternidad en una elección tardía, cuidadosamente calculada y, para muchos, prescindible . Modernidad como trampa. La caída de la fertilidad se ha extendido de forma tan amplia que muchos expertos la interpretan como una consecuencia inherente a la modernidad. La paternidad se retrasa hasta la treintena, cuando se ha alcanzado una estabilidad laboral y económica que cada vez llega más tarde. Las redes sociales idealizan una vida centrada en el individuo, el viaje y la libertad personal. Las aplicaciones de citas multiplican las opciones aparentes, pero dificultan el compromiso duradero. Y una generación criada en familias pequeñas tiene menos contacto cotidiano con bebés y niños, lo que alimenta percepciones exageradamente negativas sobre el sacrificio que implica criar hijos. Un debate politizado. No todos consideran que el descenso poblacional sea una tragedia. Algunos defienden asumirlo como una transición gradual hacia sociedades más sostenibles, cuestionando las visiones apocalípticas que hablan de “colapso demográfico”. A largo plazo, incluso en los escenarios más pesimistas, Europa seguiría contando con cientos de millones de habitantes. Pero estas cifras globales ocultan un problema estructural mucho más inmediato: el desequilibrio entre trabajadores y jubilados. En pocas décadas, la proporción de personas en edad de trabajar por cada mayor se habrá reducido drásticamente , poniendo en tensión sistemas diseñados para una pirámide demográfica que ya no existe. La fragilidad de la inmigración. Durante años, la inmigración ha sido presentada como el salvavidas demográfico de Europa. Sin embargo, esta opción se vuelve más incierta a medida que la fertilidad cae en casi todo el planeta. Incluso países que hasta ahora eran grandes reservas demográficas muestran descensos pronunciados. En este contexto, los analistas creen que la inmigración puede ganar tiempo, pero difícilmente resolverá un problema que se está globalizando. Además, el debate se ha contaminado por las guerras culturales, con discursos que mezclan demografía, identidad y valores, polarizando aún más cualquier intento de consenso. En Directo al Paladar Es el mismo pescado, pero su aporte nutricional no lo es: por qué no es igual comer sardina fresca que en conserva El gran reto. Europa se enfrenta así a un dilema sin respuestas fáciles. Los incentivos económicos pueden mover algunas décimas en las estadísticas, y esas décimas importan a largo plazo, pero no bastan para revertir una tendencia ligada a transformaciones profundas de la sociedad. El envejecimiento no es solo una cuestión de números, sino de expectativas, valores y confianza en el futuro. Mientras esa confianza siga erosionándose, cualquier política demográfica, por ambiciosa que sea, seguirá chocando con un límite invisible pero contundente: la percepción de que traer hijos al mundo es un riesgo demasiado grande en un continente que ya no está seguro de hacia dónde se dirige. Imagen | Pickpik , Vladimir Yaitskiy , Visual Capitalist En Xataka | El hundimiento demográfico de Europa le ha acercado a un umbral invisible antaño impensable: edad media de 50 años En Xataka | La debacle demográfica en Europa, expuesta en este mapa con un invitado engañoso: Mónaco - La noticia Europa está a meses de registrar un hito demográfico que no ocurre desde la Peste Negra: está encogiendo literalmente fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .