La presidenta del Govern, Marga Prohens, se prepara para firmar el armisticio con Vox a cambio de lograr un final de legislatura plácido, aunque sea sin unos presupuestos aprobados. Será el fin de una guerra nunca declarada en la que los siervos de Santiago Abascal en Balears, una tropa dividida y maltrecha, han logrado imponer su ritmo político al PP balear en el Parlament. En este punto conviene recordar que la sumisión de Prohens a las exigencias de la ultraderecha no se ha evidenciado en la misma medida que en el resto de las instituciones, al menos en apariencia. Tanto el presidente del Consell, Llorenç Galmés, como el alcalde de Palma, Jaime Martínez, están logrando evitar –con algunas excepciones– la sensación de dependencia de Vox y restándole protagonismo. Otro tanto podría decirse de los municipios en los que Vox y PP gobiernan juntos.