En 1996, cuando trabajaba en El Universal de Caracas, mantuve dos largas entrevistas con Carlos Andrés Pérez. Ya no era el presidente que había marcado una época en Iberoamérica, sino un dirigente confinado en su residencia —la quinta La Ahumada—, procesado tras la crisis política que siguió al fallido golpe de Hugo Chávez del 4 de febrero de 1992, separado del cargo por el Congreso y sustituido por un gobierno provisional encabezado por Ramón Velásquez, y con su matrimonio roto al habérsele descubierto una amante (Cecilia Matos) con dos hijas. Aquellas conversaciones tenían menos de defensa personal que de balance histórico. CAP, como se le conocía, hablaba como quien sabía que había formado parte de la historia y de la... Ver Más