Terminó al fin la Expo. Visitada por viajeros procedentes del universo mundo y arropada con asidua reiteración por los sevillanos, hasta el punto de que dejó clara huella en su comportamiento cotidiano. Los sevillanos llevaban siglos visitando en las mañanas de su Semana Santa en los templos a las imágenes que, esa misma tarde, tendrían ocasión de admirar en la calle. Lo hacían en perfecto mogollón, sin más aleatoria peculiaridad que, al acercarse a la iglesia, distinguir entre la puerta de entrada y la de salida, si había más de una. Después de la Expo, habían asumido con gran naturalidad el civilizado uso de hacer cola, convertido ya en nuevo rito semanasantero. Por una u otras razones, más de uno... Ver Más