La reciente intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que incluyó bombardeos y la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro, ha reabierto el debate sobre si la Copa Mundial de la FIFA 2026 (cuyos partidos están programados en Estados Unidos, México y Canadá) podría verse afectada o incluso cancelada por el contexto geopolítico y el papel que desempeña el país anfitrión en el conflicto. Un ataque que sorprendió al mundo El 3 de enero de 2026, el gobierno de Estados Unidos lanzó una operación militar en territorio venezolano con el objetivo de capturar al presidente Nicolás Maduro, arrojando explosivos sobre puntos estratégicos en Caracas y otras zonas. La acción ha tenido repercusiones internacionales inmediatas, provocando condenas de varios países y organismos multilaterales por considerar el hecho una violación de la Carta de las Naciones Unidas y del principio de soberanía estatal. La captura de Maduro y de su esposa Cilia Flores fue confirmada por autoridades estadounidenses, lo que intensificó aún más las tensiones diplomáticas en toda América Latina y fuera de ella. Esta intervención ha puesto sobre la mesa la relación entre política exterior, seguridad internacional y la organización de eventos deportivos globales como la Copa del Mundo. La FIFA en sus estatutos demanda neutralidad política Desde la FIFA, por el momento no ha habido una declaración oficial que confirme sanciones o medidas extraordinarias contra Estados Unidos como país anfitrión del Mundial 2026. Según el reglamento del organismo, la suspensión o expulsión de una federación miembro se contempla únicamente en casos de violaciones directas de sus propios estatutos o interferencias graves dentro del fútbol nacional. Acciones políticas externas, incluso de carácter militar, no están incluidas como causal automática de expulsión o cancelación de sede. De hecho, el propio presidente de la FIFA, Gianni Infantino, había expresado en meses recientes que la organización busca "utilizar el fútbol para unir a las personas en un mundo dividido", aunque también ha señalado que la entidad "no puede solucionar los problemas geopolíticos". Estas declaraciones adquieren relevancia en el escenario actual, donde se cruza política internacional y deporte de alto impacto. El antecedente más claro en la historia reciente del fútbol internacional es la suspensión de Rusia de competiciones organizadas por la FIFA y la UEFA a raíz de la invasión a Ucrania en 2022, cuando selecciones y clubes rusos fueron excluidos de torneos por razones de seguridad y logística. Sin embargo, ese caso fue considerado una excepción motivada por la inviabilidad práctica de que equipos rusos pudieran competir en instancias internacionales bajo sanciones y cierre de espacios aéreos. A diferencia de ese contexto, el reglamento de la FIFA no contempla la retirada de la sede de un Mundial por conflictos armados que no afecten directamente la realización del torneo ni la actividad futbolística. La neutralidad del organismo ante asuntos políticos es una piedra angular de sus estatutos, por lo que cualquier medida extrema requeriría no solo una violación clara a sus normas internas, sino un consenso extraordinario entre sus miembros. Aunque jurídicamente no exista...