Los números fríos del Sevilla hablan de un equipo que pierde mucho más de lo que consigue vencer, con diez derrotas en 18 partidos de Liga , una losa que pesa demasiado para un equipo al que al mínimo problema se termina por derrumbar en la hierba. Y ha caído en partidos donde, presumiblemente, debía haber dado una imagen bien distinta a la mostrada, consiguiendo puntos que ahora se ven como necesarios y, en unas semanas o meses, comenzarán a acordarse de ellos. Porque el Sevilla se ha quedado con 20 puntos en la clasificación. Lleva dos meses donde sólo se puede rescatar la victoria contra el Oviedo como tímida alegría. Se ha atascado en noviembre y diciembre. Sólo la igualdad del campeonato por la zona baja y que este Sevilla suma pocos empates, también desde la perspectiva positiva de haber conseguido seis triunfos, provoca que el descenso que ahora marca el Valencia (16) se va con relativa lejanía, también por el tráfico de rivales que existe por medio. De todos modos, la lectura es clara: el Sevilla no anda bien y a este ritmo se meterá pronto en problemas clasificatorios , con la repercusión que esto tiene en el ánimo de un vestuario que el pasado curso ya lo pasó mal y le salvó los puntos sumados en la primera mitad de la temporada. Ahora se encuentra en un punto parecido, rezando por alcanzar una cifra respetable de puntos lo antes posible y que no se repitan las escenas de angustia. Todo está en manos de un Matías Almeyda que reconoce internamente que no puede seguir perdiendo partidos como si nada. Lleva las mismas derrotas que Oviedo y Levante , los dos últimos, siendo los tres peores clubes de LaLiga en esta estadística. Es decir, ningún equipo de España pierde más que el sevillista, por lo que los problemas han saltado de una tacada al día a día de un club que deja el tiempo correr, mientras Almeyda busca soluciones sin que le ayuden desde el mercado de fichajes .