El testimonio de Emilio Rivas, un vallisoletano de 78 años que se quedó viudo hace cuatro, se ha convertido en un ejemplo de superación frente a la soledad no deseada. En una entrevista en COPE Valladolid, Rivas ha explicado cómo ha rehecho su vida, un relato que arroja luz sobre un problema que, según datos de Cruz Roja, afecta a miles de personas mayores, pero también a un porcentaje creciente de jóvenes. Emilio Rivas enviudó hace cuatro años y, como él mismo reconoce, el impacto inicial fue tremendo. "A lo primero, pues, quedas bastante roto, porque son golpes muy duros", ha relatado. Tras casi 50 años de matrimonio, el vacío fue inmenso. Sin embargo, el apoyo de sus hijos ha sido un pilar fundamental. Aunque viven en León, "están constantemente en contacto conmigo para ver cómo estoy", afirma. Poco después de la muerte de su mujer, Emilio encontró una nueva motivación en Cruz Roja. "Conecté con Cruz Roja hace 4 años, y tenían talleres (...) así empezó mi camino a andar aquí", ha comentado. Estos cursos le sirvieron, según sus palabras, para irse "recuperando poquito a poco". Ahora, su rutina ha cambiado por completo. Cada viernes por la mañana acude a un curso en Cruz Roja con actividades "muy diversas, muy bonitas". Esta cita semanal no solo le ocupa, sino que le ilusiona. Además, le ha permitido ampliar su círculo social: "He hecho amistad y contacto, pues, con gente que va al mismo curso. Quieras o no, pues, también haces amistades y tienes ya contacto con más gente, que también eso es bueno en la vida". A pesar de que asegura no sentirse solo, Emilio admite que tiene momentos de debilidad. "Tengo mis ratos también, o sea, que somos también la sensibilidad de, pues, de vez en cuando florece, ¿sabes? De recuerdos", ha confesado. En esos instantes, busca una distracción para no quedarse anclado en la tristeza: coge el móvil y se pone un poco de música, sale a andar un ratito o va a la piscina. Su mensaje para quienes atraviesan una situación similar es claro y contundente. Lo primero, "que tenga mucha fuerza de voluntad, que no se venga abajo y enseguida explore sensaciones y caminos nuevos". Anima a buscar ayuda en organizaciones como Cruz Roja, cuyo personal califica como "gente de 10". Emilio advierte del riesgo de abandonarse, ya que conoce casos de personas que, en circunstancias parecidas, "han caído en depresiones" porque "se han dejado". Aunque el recuerdo de su esposa sigue presente, Emilio Rivas se define por su actitud vital. Gracias al apoyo familiar, los cursos y su propia determinación, ha logrado construir un día a día pleno. Como él mismo resume, su objetivo es sencillo y a la vez profundo: "Trato de seguir adelante e intentar ser feliz, por decirlo de alguna forma".