El inesperado lugar donde se producen más muertes que en un avión no es el que piensas

Muchas personas experimentan miedo o ansiedad al viajar, especialmente cuando se enfrentan a turbulencias en un avión. Sin embargo, la percepción común sobre los medios de transporte más peligrosos a menudo choca con la realidad estadística. El divulgador científico Sergio Parra ha arrojado luz sobre esta cuestión, analizando datos y estudios para determinar qué medios son objetivamente más seguros y cuáles presentan un riesgo mayor. Sus conclusiones no solo desafían las creencias populares, sino que también señalan un peligro mortal mucho más cercano y cotidiano de lo que la mayoría podría imaginar. Contrariamente a la creencia popular, el avión es el medio de transporte más seguro de todos. Aunque los accidentes aéreos son muy espectaculares y reciben una amplia cobertura mediática, la probabilidad de que ocurran es mínima. Además, Parra desmonta un mito muy extendido: la idea de que en un accidente aéreo no hay supervivientes. Según explica, “la mayoría de accidentes sobrevive todo el mundo o solo muere una o 2 personas. Es muy raro que muera todo el pasaje”. Este hecho, afirma, debería servir como consuelo para quienes sienten pánico en el aire. El divulgador sostiene que es una idea que se repite a sí mismo para calmarse cuando hay turbulencias. Para ilustrar la dimensión de la seguridad aérea, Parra expone un dato revelador. Tras los atentados de las Torres Gemelas, el miedo a volar llevó a que muchos estadounidenses optaran por el coche para sus desplazamientos. Esta decisión tuvo consecuencias fatales: en el año siguiente, el número de muertes en carretera “multiplicó por 10 los muertos de las torres gemelas”. Este drástico aumento de la siniestralidad demuestra que el cambio de un medio de transporte por otro, basado en una percepción de riesgo errónea, puede resultar fatal. El factor humano juega un papel crucial en la seguridad de los transportes. Un caso histórico que lo demuestra es el de las aerolíneas asiáticas, especialmente las japonesas, que hasta hace un tiempo registraban una tasa de accidentes superior a la normal. La causa, según Parra, no era técnica, sino cultural. La estricta jerarquía impedía a los subalternos corregir a un capitán si este cometía un error. “¿Qué pasa? Que si cometía un error el capitán, nadie le decía nada”, explica. El análisis de las cajas negras reveló este problema, y la solución fue impartir clases de asertividad a las tripulaciones para mejorar la comunicación. Hoy en día, el problema está resuelto. Después del avión, los medios más fiables son el transporte marítimo y el tren, ambos con un historial de alta seguridad. Les sigue el autobús o autocar. Es a partir de aquí donde el riesgo aumenta exponencialmente, con el coche privado como uno de los principales focos de peligro. La razón principal es, de nuevo, el factor humano: distracciones, el uso del móvil o la falta de pericia. En este sentido, Parra señala que “el coche autónomo va a salvar muchas vidas, en el fondo, porque, aunque comete errores, el rango de errores es mínimo en comparación con el ser humano”. Aunque la conectividad total y la IA reducirán aún más los fallos, siempre existirá un margen de incertidumbre. Pese a la peligrosidad del coche, existen dos medios de transporte aún peores. El más inseguro de todos es la motocicleta, donde el conductor está completamente expuesto. Le siguen de cerca las furgonetas y los camiones, cuyos conductores a menudo se ven sometidos a una gran presión por cumplir plazos y exceden las horas de conducción recomendadas. Sin embargo, el análisis de Sergio Parra revela un culpable inesperado que causa más muertes de las que se piensa: las escaleras. “Las escaleras son asesinos en serie”, sentencia el divulgador. Tener una escalera en casa, sobre todo si es empinada, “es una receta segura para aumentar el riesgo de muerte por 1000”. Estudios realizados en ciudades como Londres confirman que las caídas al bajar escaleras son extremadamente frecuentes, y aunque no todas son mortales, el riesgo es muy elevado. Parra identifica dos elementos que convierten una casa en un lugar mucho más inseguro de lo normal: tener una escalera y tener una piscina, esta última por el alto riesgo de ahogamiento en niños pequeños. Para los amantes del riesgo extremo, el divulgador propone una experiencia límite: la Carretera de los Yungas en Bolivia, también conocida como la ‘Carretera de la Muerte’. Se trata de un tramo de 69 kilómetros esculpido en la roca, con un precipicio de 3.600 metros sin quitamiedos, donde hasta hace poco morían unas 200 personas al año. Recorrerla en moto, afirma, sería el “combo total” para quienes buscan emociones fuertes.