La erupción del Vesubio detuvo el tiempo en Herculano. Pero los parásitos que llevaban los romanos siguieron allí, esperando dos mil años para contarlo

Cuando el Vesubio sepultó Herculano en el año 79 d. C., la ciudad quedó congelada en una fracción de segundo. Los cuerpos murieron, las casas colapsaron y la vida cotidiana se interrumpió para siempre. Lo que nadie esperaba es que, dentro de esos mismos cuerpos, sobreviviera un archivo microscópico capaz de revelar cómo enfermaban realmente los romanos.