Sin un hogar en el que vivir, las acciones más cotidianas se convierten en un verdadero quebradero de cabeza. Younes Oulahri tiene 29 años y es uno de los chicos que han pasado la noche del domingo al lunes en la librería Katakrak, donde se han podido resguardar de las gélidas temperaturas y desayunar caliente por la mañana. Para él, uno de los aspectos más difíciles de no tener un hogar es suplir las necesidades del día a día. "He vivido tres meses en la calle y buscar la manera de conseguir comer, lavar tu ropa o encontrar un lugar calentito para dormir es muy complicado", ha reconocido.