La detención de Nicolás Maduro marca un punto de inflexión histórico para Venezuela y para la comunidad internacional. El arresto del líder chavista, acusado de narcotráfico y de delitos de lesa humanidad, abre un escenario completamente nuevo tras años de denuncias, sanciones y aislamiento diplomático. Para millones de venezolanos dentro y fuera del país, la noticia supone el fin de una etapa marcada por la represión, la crisis económica y el éxodo masivo. Sin embargo, la euforia inicial se enfría rápidamente. Las dudas aparecen tras las declaraciones de Donald Trump, que deja abierta la puerta a colaborar con Delcy Rodríguez, número dos del régimen. Una postura que genera desconcierto y preocupación entre la oposición venezolana y los exiliados, como explica en Mediodía COPE el exministro y diplomático venezolano Diego Arria. Arria no oculta su decepción por el mensaje lanzado desde Estados Unidos. “La declaración del presidente Trump fue como un jarro de agua fría, porque esa señora acumula tantos delitos como Maduro”, afirma con contundencia. A su juicio, aunque se haya detenido al líder del régimen, la estructura de poder permanece intacta. “El único que falta es que le quitaron la cabeza, que es muy importante, Maduro, pero el resto sigue allí”, señala Arria, que describe al chavismo como “una pandilla criminal que no es un gobierno y que se ha apoderado de Venezuela”. En su opinión, mantener a Delcy Rodríguez como interlocutora supone dejar viva gran parte del sistema que ha sostenido la represión durante años. El exministro venezolano recuerda que Delcy Rodríguez no es una figura secundaria. “Acumula en su comportamiento casi tantos delitos como Maduro”, insiste. Además, subraya que la dirigente chavista ya ha dejado claro que no piensa colaborar con Estados Unidos y que exige respeto a la “soberanía” del régimen, una postura que considera incompatible con una transición real. Arria también menciona episodios controvertidos ocurridos en Europa, como su paso por España. “La señora Rodríguez tuvo un incidente en España al ingresar cerca de 40 maletas que no pasaron por la aduana, un tema que quedó sin revelarse”, recuerda, cuestionando la actitud de algunos gobiernos europeos. Sobre Nicolás Maduro, Arria es tajante. “No solo enfrenta acusaciones de narcotráfico, también está denunciado por la comisión de delitos de lesa humanidad”, explica. Venezuela ha sido señalada en informes del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas por violaciones sistemáticas de derechos fundamentales. “El historial de Maduro no es solo económico o judicial, sino principalmente de violación de derechos humanos”, recalca. Para Arria, estos delitos justifican plenamente su procesamiento internacional y refuerzan la necesidad de un cambio profundo en el país. Pese al escenario complejo, Arria cree que una transición democrática es posible, aunque reconoce que las circunstancias son excepcionales. “El hecho de tener al país más poderoso del mundo actuando en este proceso lo hace una situación muy especial”, afirma, en referencia al papel de Estados Unidos. En este contexto, defiende el liderazgo de la oposición democrática. Recuerda que en las elecciones de julio de 2024 cerca del 70% de los venezolanos votaron a favor de Edmundo González, impulsado por María Corina Machado. “Eso nos da representatividad y legitimidad para que la transición sea presidida por Edmundo González”, sostiene. Arria también muestra su sorpresa por la reacción del Gobierno español, que ha criticado la detención de Maduro calificándola de “ley de la selva”. “España tiene que estar preocupada por la relación de cooperación que algunos de sus dirigentes han tenido con esta banda criminal”, afirma. Además, señala que las relaciones actuales entre España y Estados Unidos “no son precisamente las más favorables”, lo que, a su juicio, complica aún más el papel europeo en la crisis venezolana. La detención de Nicolás Maduro abre una oportunidad histórica, pero también deja muchas incógnitas. Para Diego Arria, el riesgo es claro: cambiar un nombre sin desmontar el sistema. Y lanza una advertencia final: sin una ruptura real con figuras como Delcy Rodríguez, la caída del dictador puede quedarse en un gesto simbólico, lejos de la democracia que millones de venezolanos llevan años esperando.