La tumba prohibida del emperador Qin Shi Huang que nadie se anima a abrir. El sepulcro que el miedo y el tiempo mantienen sellado desde hace 2.200 años

Bajo la mirada inmóvil de los Guerreros de Terracota, una cámara de piedra descansa en silencio. Dentro, un ataúd de 16 toneladas, rumores de mercurio líquido y trampas mortales han convertido la tumba del primer emperador chino en un lugar que nadie se atreve a profanar. Quizá porque hay secretos que prefieren seguir dormidos.