Una posible modificación en la estructura del barco Putri Sakinah, realizada sin la pertinente licencia, podría ser una de las claves que habrían llevado a la embarcación a hundirse tras recibir tres olas cercanas a los tres metros de altura en el estrecho que separa las islas de Padar y Rinca, primera versión oficial de los hechos que ya dejó una enorme duda sobre la supuesta razón del desastre. Conforme la policía indonesia decidió ponerse a investigar este pasado 31 de diciembre, interrogando repetidas veces a todos y cada uno de los miembros de la tripulación así como al responsable del puerto y al armador, se fueron oficializando otras razones: primero, que las olas por si solas no pueden tumbar a un barco y, después, que el motor de la nao también habría venido teniendo problemas desde hacía tiempo. Tanto periodistas locales como vecinos de Labuan Bajo han comentado durante la tarde de hoy esta situación a pie de puerto mientras el barco con los equipos de rescate, repleto de buzos y militares, atracaba en su correspondiente muelle, siendo recibidos por las familias afectadas en este desastre, que tanto a la salida de las labores de búsqueda como a la llegada, rinden respeto y agradecimiento diario a todos y cada uno de los tripulantes. La policía local así como la autoridad portuaria ni confirman ni desmienten a ABC la noticia que ya ha aparecido en medios y redes sociales indonesias. En el punto de mira de la investigación, además del armador, también estaría el capitán del barco, Lukman Hakim, al que se le podría estar reprochando la temeraria decisión de atravesar una zona, entre las islas de Padar y Rinca, ya casi en aguas abiertas, conocida por los nativos por las olas que se forman y, sobre todo, por las fortísimas corrientes. El haberlo hecho de noche –la catástrofe aconteció a las 20:30– habría acrecentado la sorpresa de los investigadores y personas que conocen al capitán, ya que además de haber sido informado antes de zarpar de la mala mar en la zona, éste habría decidido atravesarla en noche cerrada cuando tras visitar la isla de Kalong –último lugar donde el barco estuvo parado para divertimento de la familia valenciana– y hasta llegar a la de Komodo, sólo había que buscar un lugar tranquilo y resguardado para pasar la noche teniendo en cuenta que en la isla de los dragones las excursiones no iban a comenzar hasta las nueve de la mañana, casi doce horas más tarde. Aunque otro de los escándalos, sin lugar a dudas, es que ni antes de zarpar ni durante la travesía, que debía ser de tres días y dos noches, la tripulación adiestró a los pasajeros con las tan clásicas como pertinentes instrucciones de seguridad, como las que se ofrecen cada vez que un avión se prepara para despegar, según nos informaron fuentes cercanas a la investigación. Este hecho, junto con que toda la tripulación del barco saliera ilesa, ha indignado tanto a miembros de la investigación como a otras personas de Labuan Bajo que se dedican, a su vez, a transportar turistas en un pueblo orientado de manera masiva a esa industria. «No es concebible. Si queremos ser conocidos por nuestra seguridad debemos corregir urgentemente tanto la calidad de las embarcaciones como las medidas de seguridad a bordo». Una vigilia acontecida este pasado sábado, que reunió a medio millar de autóctonos en la zona portuaria, homenajeó tanto a las vidas perdidas como a los menores que aún no han sido encontrados. Las familias valencianas agradecieron este gesto muy emocionados. Tanto la posible modificación de la estructura, como la decisión de atravesar de forma temeraria una ruta muy complicada así como no haber ofrecido el briefing de seguridad a los pasajeros podrían ser las tres primeras claves de un siniestro que ha vuelto a poner en entredicho tanto la seguridad marítima en Indonesia, conocida por sus numerosos naufragios, como especialmente la del Parque Nacional de Komodo. Mientras tanto, los interrogatorios diarios por parte de la policía local a los seis miembros de la tripulación del Putri Sakinah aquel fatídico 26 de diciembre, así como al responsable del puerto de Labuan Bajo, Stephanus Risdiyanto, y al armador de la propia embarcación, siguen produciéndose tratando de no cerrar en falso un caso en el que la propia población local exige justicia para que no vuelva a repetirse algo parecido, situación que podría llevar al turista a renunciar a este precioso paraíso que acoge a numerosísimos amantes del buceo cada año.