Javier Rúperez, exembajador de España en Estados Unidos: "Todo lo que Trump está haciendo en Venezuela es negocio, los que piensen en democracia no están en lo cierto"

La detención de Nicolás Maduro supone un terremoto político en Venezuela y un acontecimiento de enorme impacto internacional. Tras años de sanciones, denuncias y órdenes de arresto simbólicas, el arresto del líder chavista abre una nueva etapa marcada por la incertidumbre. Para muchos venezolanos, dentro y fuera del país, la noticia se vive como el final de una era, aunque nadie se atreve aún a hablar de una verdadera transición democrática. Lejos de traer calma, la caída de Maduro plantea nuevas preguntas. ¿Quién manda ahora en Venezuela? ¿Qué papel juegan Estados Unidos y Donald Trump en este nuevo escenario? Y, sobre todo, ¿hay un interés real en restaurar la democracia o se trata de algo muy distinto? A estas cuestiones responde con crudeza Javier Rupérez, exembajador de España en Estados Unidos, en una entrevista en La Tarde de COPE con Isra Remuiñán. Rupérez no deja lugar a dudas sobre su análisis. “Todo lo que Trump está haciendo en Venezuela es negocio, los que piensen en democracia no están en lo cierto”, afirma con rotundidad. Para el diplomático, la política del expresidente estadounidense, tanto dentro como fuera de su país, se explica con una sola palabra: negocio. “No hay nada más en todo lo que está haciendo Trump que no sea negocio”, señala. Y añade que este enfoque no es solo nacional, sino también internacional, con intereses personales, familiares y estratégicos mezclados. Venezuela, en este contexto, no es una excepción. El exembajador coincide con la idea de que el país latinoamericano se encamina hacia una especie de protectorado. “La traducción es muy clara: el que manda en Venezuela es Estados Unidos”, explica. Según Rupérez, el sistema que se está estableciendo deja a figuras como Delcy Rodríguez en un papel secundario, “puramente al servicio del protector”. Esta visión refuerza la idea de continuidad del régimen, pese a la detención de Maduro. Para Rupérez, no hay una ruptura real, sino una reorganización del poder bajo la tutela estadounidense. ¿Por qué Venezuela? Rupérez lo tiene claro: el petróleo. “Lo que le interesa a Trump es exactamente el petróleo”, afirma. Recuerda que en una reciente rueda de prensa el expresidente mencionó el negocio petrolero más de veinte veces, pero “ni una sola habló de democracia o de democratización”. En su opinión, pensar que existe un plan de modernización democrática es un error. “Eso no está en el orden natural de las cosas por parte de Trump”, insiste. El objetivo principal sería recuperar el control de un recurso estratégico que ahora, en gran parte, está en manos de China y también abastece a Cuba. Las declaraciones de Trump suponen un duro revés para figuras como María Corina Machado y Edmundo González, vencedores morales de las últimas elecciones con millones de votos. Rupérez considera muy significativo que se cuestione su legitimidad mientras se abre la puerta a dialogar con Delcy Rodríguez, símbolo del continuismo chavista. Este movimiento refuerza la tesis de que el interés no es político ni democrático, sino puramente económico. Una realidad incómoda para quienes esperaban un apoyo claro a la oposición. Más allá de Venezuela, Rupérez advierte de algo aún más grave. “Estamos viendo la ruptura del orden internacional heredado tras la Segunda Guerra Mundial”, alerta. Critica que Estados Unidos actúe como si fuera “el dueño de la jurisdicción internacional”, cuando ni siquiera forma parte de algunos tribunales internacionales.  Esta deriva, explica, es “enormemente preocupante” y marca un cambio profundo en las reglas del juego global. Sobre el papel de España, Rupérez reconoce una situación complicada. Recuerda las relaciones de algunos sectores políticos españoles con el chavismo y episodios aún no aclarados, como el de la famosa maleta de Delcy Rodríguez. “Todo eso hay que clarificarlo”, afirma. Finalmente, defiende que la Unión Europea debe asumir un papel activo en la defensa del derecho internacional y de las instituciones multilaterales. Solo así, concluye, se podrá evitar que decisiones unilaterales basadas en intereses económicos marquen el futuro de países enteros como Venezuela.