Carlson, Alberto, mi amigo, fotoperiodista, pertenece al rango de los hombres que no pueden ser olvidados. Más que un tránsito a la nada, su muerte es un tránsito a la memoria de la vida. Nadie como él conocía el misterio de lo sencillo, de lo que se lleva dentro y no es posible explicar. Esa cualidad de la que tanto se habla en nuestros días y de la que tan poco saben quienes la pregonan: la grandeza.