"Un peón de albañil en España apenas gana unos 1100 euros al mes cargando sacos de 25 kilos. La juventud actual gana lo mismo o más sin cansarse tanto"

La situación de los albañiles en España atraviesa un momento complicado y, al mismo tiempo, paradójico. Se trata de un oficio esencial, sin el cual no existirían viviendas, infraestructuras ni reformas, pero que hoy sufre una clara falta de relevo generacional y una percepción social cada vez más baja. Jornadas duras, esfuerzo físico constante y salarios ajustados hacen que muchos jóvenes miren hacia otro lado. En las obras españolas es cada vez más habitual encontrar trabajadores extranjeros, mientras los jóvenes nacidos aquí optan por otros empleos menos exigentes físicamente. El reportaje del canal de YouTube de Adrián G. Martín, grabado a pie de obra, pone voz a esta realidad a través de quienes viven el oficio desde dentro. Uno de los testimonios más claros es el de Pascual, empresario de la construcción con más de 30 años de experiencia. Su diagnóstico es directo y conecta con el titular que resume el problema: “Un peón de albañil en España apenas gana unos 1.100 euros al mes cargando sacos de 25 kilos. La juventud actual gana lo mismo o más sin cansarse tanto”, señala. En la obra, mover peso sigue siendo el pan de cada día. “Puedes mover fácilmente 50 sacos diarios de 25 kilos”, explican los trabajadores. Aunque la normativa ha reducido el peso —antes eran de 50 kilos—, el desgaste físico sigue siendo enorme. “La espalda y las rodillas son lo que más sufre”, reconocen. Damian, encargado de obra, no duda cuando se le pregunta si el trabajo está bien pagado. “A nivel de hoy en día, no”, afirma. Y añade que los riesgos son constantes: alturas, andamios, maquinaria pesada o herramientas como radiales. “Es un trabajo bastante peligroso si no sabes lo que estás haciendo o no tomas precauciones”, advierte. Pese a ello, el reconocimiento social no acompaña. “Está bastante devaluado”, lamenta Damian. “Todo el mundo quiere una casa bien hecha, una buena cocina o un buen baño, pero parece que el albañil solo viene a hacer el trabajo sucio”. Los sueldos reflejan esta falta de equilibrio. Según explican en el reportaje, un peón cobra entre 900 y 1.100 euros, un oficial de segunda ronda los 1.200 o 1.300, y un oficial de primera puede llegar a 1.500 o 1.600 euros. El encargado de obra supera ligeramente esas cifras, pero sin grandes diferencias. “Un mecánico te cobra 40 euros la hora y nadie se sorprende”, compara Damian. “Un albañil difícilmente supera los 20 y pico, cuando nuestro trabajo es más peligroso y dura meses”. El gran problema, coinciden todos, es la falta de relevo generacional. “Conozco mucha gente joven a la que no le interesa trabajar de albañil”, afirma Damian. “Dicen que pueden ganar lo mismo o más sin cansarse ni la mitad”. Pascual lo confirma desde el punto de vista empresarial: “Me cuesta muchísimo encontrar gente joven que quiera aprender el oficio, y menos aún gente de aquí”. Antes, explica, los aprendices entraban como peones y se formaban poco a poco. Hoy, los costes y la falta de interés lo hacen casi imposible. A esta situación se suma el encarecimiento de los materiales. “Una teja que costaba 49 céntimos ahora puede valer más de un euro”, explica Pascual. El hierro, el cemento y la burocracia disparan los presupuestos, haciendo que construir o reformar sea cada vez más inaccesible para salarios medios. “Con un sueldo normal es imposible afrontar una obra”, reconoce Damian. “Solo el solar puede costar 200.000 euros”. Pese a todo, hay algo que mantiene a muchos en la obra: el orgullo de construir. “Cuando ves el resultado final, dices: esto lo he hecho yo con mis manos”, afirma Damian. “Yo me moriré, pero esta casa seguirá aquí”. Un mensaje claro que deja el reportaje: mientras la sociedad no valore mejor el esfuerzo y el papel de los albañiles, el futuro del oficio seguirá en riesgo, aunque sin ellos no se levante ni una sola pared.