La borrasca Francis ha traído consigo un notable descenso de las temperaturas en Zaragoza, donde los termómetros han llegado a marcar 4 grados con una sensación térmica inferior a causa del viento. Esta situación meteorológica, que se prevé que dure hasta el miércoles, agrava la vulnerabilidad de las 266 personas que, según el último informe de Cruz Roja, duermen actualmente en las calles de la ciudad. La cifra supone un alarmante incremento del 40% respecto al recuento anterior realizado por la misma entidad. Ante esta situación, Cruz Roja ha intensificado su servicio de atención a personas sin hogar durante estos días. La coordinadora de la entidad en Zaragoza, Susana Arroyo, ha explicado que se ha movilizado la Unidad de Emergencia Social para reforzar la labor que ya realizan de lunes a viernes desde el año 2005. “Cuando hace extremo frío o extremo calor, sí que salimos también el fin de semana”, ha señalado Arroyo, explicando que el objetivo principal es vigilar el estado de salud de estas personas y animarles a utilizar los recursos de alojamiento disponibles. El equipo, formado por voluntarios, realiza un recorrido rápido para comprobar que quienes pernoctan a la intemperie “están en condiciones de pasar la noche allí”. La prioridad es informarles sobre la disponibilidad de plazas en el albergue municipal y otros refugios, ofrecerles abrigo y asegurarse de que se encuentran bien. Se trata de una labor de primera línea para mitigar los efectos más duros del invierno en la población más expuesta. Afortunadamente, las primeras noches de este dispositivo especial arrojan un dato esperanzador. En un reciente recorrido por las orillas del río Ebro, una de las zonas sensibles, el equipo solo encontró a seis personas. Para la coordinadora de Cruz Roja, “es buena noticia, porque quiere decir que están informados de que existen recursos”. Aunque los voluntarios siguen encontrando “personas nuevas” que no conocían, el número de quienes se quedan en la calle parece haberse reducido gracias a la información y la propia red de recursos. El Ayuntamiento ya ha comunicado que durante las épocas de frío se habilitan todos los recursos necesarios para que nadie se quede sin un techo. En este sentido, Arroyo confirma la total coordinación y la flexibilidad del sistema. “Si nosotros por la noche detectamos o nos encontramos con una persona que desconocía que estuviera en el albergue, los podemos acercar porque les hacen un hueco” para que pasen la noche de la mejor manera posible, asegura. Cada día, los equipos de la organización atienden a una media de 20 o 30 personas distintas, lo que sugiere que el albergue roza el lleno. Este trabajo, calificado como “imprescindible” por la propia organización, no sería posible sin el compromiso de su equipo humano. Actualmente, la entidad cuenta con unas 70 personas voluntarias que son el alma del proyecto. Arroyo destaca la fuerte conexión que se establece con las personas a las que atienden, un vínculo que resulta clave. “Se crea una adherencia y una complicidad muy agradable, y que a las personas técnicas nos viene muy bien para poder iniciar procesos, poderlos motivar, que ellos se crean que pueden salir de esa situación de calle”, afirma. La coordinadora resalta el valor de este gesto altruista. “Agradecen que personas voluntarias salgan a las 12 de la noche, un día como hoy, a ver qué tal están”, subraya. Cada noche, el equipo está compuesto por dos o tres voluntarios y dos técnicos, pero su labor no se detiene ahí. También se realizan rutas por la mañana y acompañamientos a recursos sociales o médicos. Cruz Roja ha confirmado que este refuerzo especial se mantendrá activo mientras continúe la borrasca.