Leyendo se viaja al infierno del otro y al paraíso de uno, al niño que celebra esta noche el regalo de los Reyes Magos, al sexo contrario y a lo que nunca existió, y al amor por supuesto. La escritura quizás sea la mayor aportación a las humanidades, una disciplina en el creador ingrata, neuronal, absorbente, malbaratada, enaltecida con razón por aquellos que no la practican y por fortuna la disfrutan. También resulta cierto que los profesionales del arte somos una élite, nos pese o no, porque los hay encantados de su ombligo, con la aspiración de aparecer en los papeles o ser recordados hasta el fin de los días. Cuando empezaba a publicar me lo contaban colegas, y no... Ver Más