Limpiar antes de una visita no es un simple gesto de cortesía. Es el resultado de una ansiedad cultural que afecta al 40% de las personas. Y surge cuando el hogar deja de ser refugio para convertirse en escaparate

Detrás del “déjame ordenar un poco” hay un fenómeno tan cotidiano como universal. La casa funciona como identidad extendida y cualquier marca de desorden se interpreta como un fallo personal. No es casualidad: siglos de normas sociales han condicionado nuestro modo de recibir invitados.