La diáspora venezolana en A Coruña ha celebrado con concentraciones espontáneas la noticia del arresto de Nicolás Maduro. Entre la alegría y la esperanza por el fin de 26 años de chavismo, la nutrida comunidad de venezolanos en la provincia encara un nuevo tiempo. Uno de ellos es Rolando Figueroa, un exiliado que huyó de la persecución del régimen y que reside en la ciudad desde 2017. Cuatro días después de la detención, Figueroa relata que ya se puede hablar con más claridad del momento. “No podíamos creer lo que estábamos viendo”, confiesa. Afirma que los sentimientos actuales “siguen siendo de mucha alegría, de mucha esperanza, porque ya no es que solo vemos la luz al final del túnel, sino que ya podemos tener un camino y un sendero abierto para lograr la libertad de Venezuela”. Figueroa prevé que el proceso que se abre ahora “va a ser una transición un poco lenta, que no vamos a entender muchas cosas, pero creo que hay que pasar por ella”. El objetivo final, explica, es garantizar que Edmundo González, liderado por María Corina Machado, tome posesión “como presidente legítimo del país”. A pesar de la incertidumbre, la confianza en un futuro democrático es firme. Figueroa está seguro de que, si hubiera que repetir las elecciones, la oposición “volverán a ganar, no solo con el 70%, sino posiblemente hasta con un 90%, ya que los más de ocho millones de venezolanos en el extranjero no pudieron ejercer su derecho al voto. La primera exigencia al gobierno de Donald Trump es clara: “la liberación inmediata de los casi 1000 presos políticos que están en Venezuela”. Figueroa recuerda la existencia del “centro de tortura más grande de Latinoamérica, que es el helicoide”, donde los reclusos no han tenido derechos ni han sido presentados ante un juez, a diferencia de Maduro. Sobre el papel de Delcy Rodríguez, Figueroa la describe como “uno de los personajes más malvados que tiene la dictadura”, junto Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López. Sin embargo, entiende que su presencia es una pieza necesaria en el tablero actual. “Entendemos que es la única persona que puede calmar a esos colectivos armados”, señala. Figueroa admite que “nos duele mucho verla a ella como figura allí de la transición, pero bueno, no nos queda otra que esperar y tener esa paciencia estratégica”. Considera que Rodríguez actuará como una “facilitadora” utilizada por Estados Unidos para ejecutar la transición, acatando las órdenes del presidente Trump por debajo de su discurso público. Respecto a su situación personal, Rolando Figueroa explica que tiene residencia legal en España y puede trabajar, aunque el asilo político le ha sido denegado en dos ocasiones. Pese a agradecer la oportunidad, critica la “comodidad” con la que algunos analizan la situación de su país. Figueroa también puntualiza el debate sobre los recursos naturales del país: “los venezolanos lo que menos nos importa en estos momentos es el petróleo”. Por ello, pide al gobierno español “un poquito más de de mano dura” y que apoye “fuertemente para lograr esa transición que todos queremos”, dejando atrás negociaciones estériles. Con todo, la esperanza de volver es el motor que le mueve. “Sueño con volver, poder reunirme con todos mis familiares y amigos, y trabajar lógicamente para que Venezuela vuelva a ser próspera”, concluye, anhelando un país donde reinen la seguridad jurídica y el Estado de derecho.