Un enfermero de Ciudad Real, el veterano ángel de la guarda del Rally Dakar: "No he podido ver la cara de mi familia recogiendo los regalos de los Reyes Magos"

El Rally Dakar ya ha comenzado en Arabia Saudita y, un año más, un pedacito de Ciudad Real recorre el desierto. Se trata de Darío Rodríguez, un enfermero de la UVI Móvil de Ciudad Real que participa en su decimocuarto Rally Dakar como miembro veterano del equipo médico de la organización, cuidando de los pilotos en la que es considerada la prueba más dura del mundo. Rodríguez, en una entrevista en "Herrera en Cope Ciudad Real", considera que el país es la casa natural del Dakar, no tanto por ser Arabia Saudí, sino por las características de su terreno. "Cuando el Dakar empezó allá por el año 79, se recorría el Sahel, se recorría Mauritania, Argelia, Mali, se cruzaban desiertos muy parecidos a este", explica. Tras su paso por Sudamérica, el enfermero ciudadrealeño asegura que el actual escenario es inmenso: "Casi podría decir que este es como 100 veces Atacama en extensión". Para los miembros del equipo médico, el día a día en el rally es una incógnita. "Uno sabe a la hora que empieza, pero jamás sabes cuándo acaba", confiesa Rodríguez. Sostiene que en esta competición no manda la organización, sino que es la propia prueba la que impone sus reglas: "La carrera parece que tiene vida, parece que respira, parece que tiene decisión propia, y nosotros estamos aquí para gestionar los caprichos de la carrera". Esta incertidumbre define la esencia del Dakar. Si las circunstancias lo exigen, el equipo médico puede verse obligado a pasar la noche sobre el terreno esperando la llegada de los pilotos. "Así es el Dakar", resume el sanitario. Con catorce ediciones a sus espaldas, Darío Rodríguez se ha convertido en una figura de referencia, y a menudo le toca ejercer de formador para los nuevos compañeros. "Me suele tocar hacer de 'teacher'", admite, un rol que asume "encantado" y que considera un honor. De hecho, casi todos los años desde que la prueba se celebra en Arabia Saudí ha cambiado de compañero. Sin embargo, la experiencia tiene un coste personal que le hace plantearse el futuro. "No quiero pensar que este será el último Dakar, pero sí que es verdad que creo que es momento de un paréntesis", afirma. La principal razón es su familia: "No he podido ver su cara recogiendo los regalos de los Reyes Magos durante la cabalgata, y eso, la verdad, es algo que te duele y no te puedes sacar ese puñal del corazón". A pesar del deseo de tomarse "dos, tres años" de descanso, la puerta a un regreso no está cerrada. El veterano enfermero reconoce la gratitud y la deuda que siente hacia la organización. "A veces tienes que acudir", concluye, dejando su futuro en el aire y demostrando que la pasión por el Dakar es difícil de apagar.