El deporte, y el baloncesto no es una excepción, es de los aficionados, de la gente. Cuando no están se hace raro, falta algo muy importante. Es inevitable que con el conflicto Israel-Palestina los equipos israelíes nos hayan habituado a ver pabellones vacíos, sin gente. Cierto es que hace ya unas cuantas semanas que el Maccabi, por ejemplo, ha vuelto a jugar en casa y con público. Pero también es verdad que depende de la legislación de cada país, y en función de las normativas de seguridad, hay partidos que se juegan a puerta cerrada. Toda esta situación nos recuerda a la época de la pandemia, una etapa de nuestras vidas para olvidar. ¿Cuánta gente ha estado viendo el partido en el Palau? Unas 200 personas; aquí entran en juego los dos equipos. En el caso del Barcelona hay que contar: los jugadores, también los que están lesionados como Brizuela, Clyburn y Juan Núñez, los fisios, el equipo médico, los utilleros y los integrantes de la dirección deportiva y de la sección de baloncesto en general como Josep Cubells, el directivo responsable. Por parte del Maccabi hay que sumar una amplia comitiva que acompaña al equipo, con un grupo de seguridad propio y el peculiar Shimon Mizrahi, el presidente del conjuto israelí (preside el equipo desde 1969 y se caracteriza por estar a pie de pista luciendo una bufanda amarilla de lana). Además, hay que sumar a la larga lista de personas que han presenciado el Barcelona-Maccabi a los trabajadores del conjunto azulgrana: responsables de comunicación, encargados de material y limpieza del Palau, aparte de la seguridad privada del Club. No hay que olvidar a los empleados de la televisión que tiene los derechos de la competición: Movistar Plus. También a la propia Euroliga que, entre otras cosas, produce y sirve la señal internacional con entrevistas a pie de pista. En la tribuna de prensa los medios de comunicación acreditados y, al ser un partido tipificado de alto riesgo, un número mayor de efectivos de seguridad como Mossos d'Esquadra (se llevó a cabo una manifestación pro Palestina sin incidentes antes del partido). El Palau sonó a vacío, sin animación, retumbaban los gritos de los entrenadores, de alguna persona presente en el Palau en desacuerdo con alguna decisión arbitral, el silbato de la tripleta encargada de dirigir el partidos y las cortinillas musicales de inicio, mitad y final del encuentro con el himno del FC Barcelona sonando con fuerza.