Cuando se cumplen 1.414 días de guerra en Ucrania, el vínculo de la región con Valencia sigue muy presente. La ONG Juntos por la Vida fue la primera organización en desplazarse al terreno tras la invasión rusa y, casi cuatro años después, continúa prestando ayuda. Su presidenta, Clara Arnal, ha explicado en el programa 'Herrera en COPE Valencia' que la principal necesidad y el deseo unánime es "que termine la guerra, que termine la pesadilla y que vuelva la normalidad". La organización jugó un papel clave al inicio del conflicto. Durante los tres primeros meses, Juntos por la Vida consiguió desplazar a cerca de 3.200 personas a la Comunidad Valenciana. Sin embargo, Arnal señala que "son muy pocas las que quedan", ya que la mayoría ha regresado. "Desplazamos a personas sin recursos, muy vulnerables, que han tenido muy difícil la integración en el país y que han tenido que volver", aclara. La ONG mantiene el contacto y el apoyo con quienes han regresado o nunca salieron del país. El testimonio más duro de Clara Arnal llega a través de su propia familia, ya que su hijo de acogida de mayor edad se encuentra en la primera línea de batalla. Según relata, fue reclutado sin tener "ninguna formación militar", como ocurre con la mayoría de los soldados desde hace un año y medio. "Lo vivimos por ambas partes con muchísimo estrés", confiesa la presidenta de Juntos por la Vida. La situación desoladora que le describe su hijo es desoladora. "Imagínate, menuda Nochevieja, en primera línea de batalla, a muchísimos grados bajo cero y sin saber si te vas a despertar al día siguiente". Lo que más destaca es la impotencia y "la cantidad de bajas que está habiendo". "De los que comenzaron con él hace dos años la formación, prácticamente el 75% ya son bajas", afirma. Esta escasez de tropas se une a que ya "no hay voluntarios que quieran luchar". El agotamiento es tal que el foco ha cambiado por completo. Según Arnal, a los soldados "ya les da igual los territorios, ya lo único que quiere la gente, los pobres que están allí es que termine la guerra de una vez y que puedan volver a la normalidad". A esto se suma la falta de garantías médicas en el frente, lo que agrava el número de fallecidos. "La impotencia de ver que los que están entrando a luchar no pueden ser recuperados, aunque estén heridos, para tener asistencia sanitaria", lamenta. Tras casi cuatro años, los ciudadanos han normalizado una situación que no debería serlo. Arnal explica que las alertas por bombardeo son diarias incluso en el oeste del país, pero "la gente tiene que seguir con su vida normal, tienen que trabajar". Esta normalización del horror afecta también a los voluntarios que, como ella, viajan periódicamente a Ucrania, donde los reciben como a la familia que son tras un vínculo que se remonta a los años 90. La parte más trágica de esta normalización la sufren los más pequeños. Arnal describe con tristeza cómo la guerra ha cambiado la infancia. "Es increíble cómo ahora, en vez de aprenderse los nombres de los ríos o de las montañas de Ucrania, los niños se saben el nombre de cada misil o de cada dron que está pasando por encima de sus cabezas", denuncia. Y concluye con un apunte sobrecogedor: "Te lo saben reconocer como si fueran juguetes. Es increíble y muy triste".