La caída de Nicolás Maduro en Venezuela ha desatado una montaña rusa de emociones entre la vasta comunidad de canarios y sus descendientes vinculados al país caribeño, y los venezolanos residentes en las islas. La noticia, recibida como "muy positiva" por el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, abre un horizonte de esperanza, pero también de profunda incertidumbre. La principal preocupación, según Clavijo, es "poner a salvo o proteger a los canarios" en medio de un proceso de transición que ha comenzado con una figura controvertida al mando: Delcy Rodríguez, una de las fundadoras del chavismo. La decisión de la administración Trump de situar a Rodríguez al frente del proceso transitorio es vista con una mezcla de pragmatismo y recelo. Máximo Díaz Estébanez, coordinador de Voluntad Popular en Canarias, lo analiza como una maniobra para evitar un "derramamiento de sangre" innecesario. Según explica, la clave no es solo el ejército, sino las armas. "El estado terrorista implantado por Nicolás Maduro, incluyendo la propia Delcy Rodríguez, manejan todo el armamento que hay en el país", asegura Díaz Estébanez en una entrevista en COPE Tenerife. Este control armamentístico se extiende más allá de las fuerzas armadas regulares. Díaz Estébanez señala la existencia de "colectivos armados", grupos paramilitares y guerrilleros que no responden a una cadena de mando tradicional, sino directamente a figuras como Delcy Rodríguez. Estos grupos, que surgieron como los "círculos bolivarianos" con Chávez y ahora patrullan las calles, son la principal fuente de temor para la población, que vive en un estado de "alegría reprimida". La gente, explica, "no puede celebrar" por miedo a las represalias de un régimen que, aunque decapitado, aún conserva sus estructuras de poder y amenaza. El escepticismo sobre la verdadera naturaleza del cambio se ve alimentado por informaciones que apuntan al papel de actores externos. Díaz Estébanez se hace eco de la noticia publicada por El Mundo sobre la presunta implicación de José Luis Rodríguez Zapatero en un plan para "blanquear la imagen" de Delcy Rodríguez. "Si hay personas temerosas de que se termine de concretar la caída, uno de ellos es Rodríguez Zapatero", opina, sugiriendo que la caída total del régimen podría sacar a la luz "todas las vinculaciones" y "negociaciones" mantenidas en el pasado. Por su parte, Enrique Vázquez, abogado venezolano experto en extranjería y con profundas raíces canarias —su abuela es de Icod de los Vinos, su abuelo de La Gomera y su madre de Santa Cruz de Tenerife—, comparte esta dualidad. Por un lado, siente una "alegría muy grande" ante la "perspectiva de un cambio". Por otro, admite que el corazón "se te pone un poquito chiquitito". La designación de Delcy Rodríguez, aunque una "decepción" emocional, la entiende desde un punto de vista "pragmático y objetivo". Vázquez argumenta que una líder opositora como María Corina Machado, pese a su respaldo popular, tendría enormes dificultades para "desmantelar las estructuras de poder" sin el control real de las armas, que ostenta el chavismo. Sin embargo, esta solución pragmática esconde su mayor temor, una metáfora de la propia historia reciente de Venezuela. "Yo recuerdo que en Venezuela venía una lluvia, subía el río, se llevaba un puente y ponían un puente temporal que duraba 30 años", relata. Esa analogía encapsula la principal angustia de la diáspora: que la transición sea una farsa controlada que se perpetúe. "Ese es mi miedo, que esa temporalidad se extienda en el tiempo", confiesa Vázquez, verbalizando el pánico a que un arreglo de conveniencia se convierta en la nueva normalidad, un cambio de cromos que no altere el sistema de raíz. Los venezolanos, subraya, "no queremos un cambio de presidente, sino un cambio de sistema completo". Tras diez años viviendo en España, Enrique Vázquez tiene claro su futuro personal. A la pregunta de si se plantearía volver a Venezuela a vivir, su respuesta es rotunda: "A vivir no. Yo estoy demasiado feliz en España". Su anhelo no es de retorno, sino de reencuentro. Lo que realmente desea es poder visitar su tierra, un privilegio que el chavismo le ha negado durante una década. Quiere que sus hijos conozcan la tierra donde él nació, visitar la casa de la playa y reconectar con sus orígenes. El sueño de Vázquez es el de miles de exiliados, un anhelo sencillo y a la vez profundo. "Quiero tener la posibilidad de que un diciembre poder irme a Venezuela", explica. Es el deseo de poder hacer lo que sus amigos de otras nacionalidades hacen con normalidad: viajar para ver a la familia, sin miedo y con la libertad de regresar a su hogar de acogida. Para él, y para muchos, el cambio en Venezuela no significa deshacer las maletas en España, sino poder hacerlas para un viaje de ida y vuelta a sus raíces. Como abogado de extranjería, ha sido testigo directo del drama de la diáspora. Ha atendido "muchísimos venezolanos" con doble nacionalidad en Canarias y en toda España, descendientes de aquellos canarios que emigraron en busca de un futuro mejor. Sus historias son un espejo del trágico ciclo de la migración. "He visto muchos casos, muchísimos, de personas que, básicamente, allá por el chavismo lo perdieron todo realmente", lamenta. Vázquez recuerda una historia que le impactó especialmente: la de una familia, nietos de un canario, que lo perdieron todo por las expropiaciones del chavismo. "Tuvieron que llegar aquí buscando ayuda en un refugio con Cáritas, porque realmente el chavismo les quitó todo en Venezuela", narra. Llegaron con lo puesto, tras vender un coche para comprar los billetes de avión, huyendo de la miseria impuesta por el régimen que aniquiló el esfuerzo de tres generaciones. La historia, afortunadamente, tuvo un final feliz y la familia "les ha ido muy bien", pero ilustra el brutal desarraigo y la pérdida sufrida por tantos. Son las historias de quienes huyeron de la pobreza en Canarias, "con una maleta cargada de sueños", construyeron un patrimonio en Venezuela y, décadas después, sus descendientes han tenido que hacer el camino de vuelta, huyendo no de la pobreza, sino de la tiranía, para empezar de cero. El futuro dirá si la caída de Maduro les permite, al menos, cerrar las heridas y reencontrarse con la tierra que un día fue su hogar.