Mónica Hidalgo, venezolana en Álava: "Mi corazón sigue estando allí aunque lleve más de 30 años aquí"

La comunidad internacional y los casi ocho millones de venezolanos que han abandonado su país viven días de perplejidad y angustia desde la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. De ellos, más de 16.000 residen en Euskadi, donde conforman la cuarta comunidad de extranjeros más numerosa. Una de ellas es Mónica Hidalgo, presidenta en funciones de la asociación de venezolanos en Álava, quien comparte la "incertidumbre" y el "corazón partío" de sus compatriotas. La historia de Mónica Hidalgo es particular. Lleva más de 30 años en Vitoria y tiene raíces vascas porque su madre, Miren Begoña Ibarguchi Arechaga,  fue una de las conocidas como niñas de la guerra civil que "dejó Euskadi buscando una vida mejor". Décadas después, su familia ha realizado el camino de vuelta por idénticas razones, una situación que le hace sentir el corazón dividido. Aunque tiene su vida hecha en el País Vasco, casada y con hijos nacidos aquí, Hidalgo afirma que su corazón sigue en Venezuela. "Tengo familia, grandes amigos, amigos que son más importantes que muchos miembros de mi familia", ha explicado en COPE Euskadi. Desde la distancia, asegura no estar ausente en la lucha "contra esta narcodictadura por la que mi pueblo y mi gente ha padecido". La situación actual se vive "con mucha incertidumbre y angustia", ha señalado Hidalgo, quien pide cautela ante los "últimos zarpazos" del régimen. Considera que el proceso no será rápido y requerirá paciencia. "Hemos aguantado 27 años y porque aguantemos un poquito más, creo que se lo merecen", ha afirmado, en alusión al presidente Edmundo González Urrutia y a la líder opositora María Corina Machado. Hidalgo describe el momento como una transición compleja en la que "no se negocia con quien tiene la razón moral, sino con quien puede apagar o no los incendios". La compara con la extirpación de "un tumor que tiene metástasis", un proceso que debe hacerse "pasito a pasito". Sobre el interés de EE.UU. en el petróleo, ha comentado que el pueblo venezolano no se ha beneficiado de sus riquezas, que han sido explotadas por "los chinos, los rusos, los cubanos, los iranís". La madre de Mónica, de 89 años, también vive la situación con "gran preocupación". Como niña del 36, vivió la guerra y el exilio, y Venezuela se convirtió en su patria de acogida. "Es más venezolana que muchos venezolanos", ha apuntado su hija. Allí tiene enterrados a su marido y a dos hijos, y su deseo es que sus cenizas descansen en esa tierra, a la que llama "su tierra". Mónica, enfermera en el hospital de Txagorritxu, no descarta regresar, aunque es consciente de que el país "no es lo que era". Quizás vuelva de vacaciones, pero subraya que sus tres hijos "tienen las puertas abiertas" para volver. Concluye con un mensaje de esperanza: "Vamos a conseguir la libertad. Hay que tener paciencia y fe". Este próximo domingo, 11 de enero, la asociación que preside prevé concentrarse en la Plaza de La Virgen Blanca de Vitoria.