El oro del siglo XXI no está en Venezuela. Lo saben China y Rusia, y por eso EEUU quiere Groenlandia sea como sea

Como si fuera un Deja Vú , 2026 ha comenzado exactamente igual que 2025 : con la insistencia de Trump en hacerse con Groenlandia . Ocurre que ya no parece un capricho aislado ni una excentricidad retórica, sino la convergencia de una pulsión personal, una oportunidad estratégica percibida como fácil y un cálculo geopolítico de alto impacto. Venezuela ha servido para encender la mecha. Groenlandia como obsesión. Tras la captura de Maduro , Trump comprobó de nuevo que el uso de la fuerza en el exterior carece de los frenos legales y judiciales que sí constriñen su acción doméstica, y que, frente a adversarios o aliados claramente superados, la realidad se impone al derecho internacional sin demasiadas consecuencias inmediatas. Groenlandia aparece entonces ( otra vez ) como el premio perfecto: un territorio enorme, escasamente poblado, defendido por un aliado incapaz de resistir militarmente y situado en una zona donde Washington puede vestir la ambición territorial con el lenguaje de la “seguridad nacional” . La reiteración del mensaje, el nombramiento de un enviado específico y las declaraciones públicas que normalizan incluso la opción militar indican que no se trata de una broma ni de simple presión diplomática, sino de una obsesión que crece a medida que el margen político interno de Trump se estrecha. En Xataka La misión en Caracas reveló que el secreto mejor guardado de EEUU no es un dron: se llama DAP y no lo verás en las películas La paradoja fundacional de la OTAN. El problema central es que Groenlandia pertenece al Reino de Dinamarca , miembro pleno de la OTAN, y cualquier acción estadounidense contra ella colocaría a la Alianza ante una paradoja para la que no fue diseñada. El Artículo 5, concebido para disuadir a enemigos externos, no contempla con claridad qué ocurre cuando el agresor es el miembro hegemónico. Como ha advertido la primera ministra danesa Mette Frederiksen, en ese escenario “todo se detendría”: la OTAN podría seguir existiendo formalmente, pero su credibilidad quedaría destruida. Nadie acudiría en defensa de Groenlandia frente a Estados Unidos, no solo por falta de voluntad política, sino por la asimetría material absoluta entre Washington y el resto de los aliados. El mensaje implícito es un trueno para Europa: las garantías de seguridad ya no son automáticas, y la fuerza vuelve a situarse por encima del tratado , un desenlace que beneficia directamente a Rusia en el momento de mayor tensión desde el final de la Guerra Fría. Minerales críticos. El argumento económico y tecnológico se apoya en la riqueza mineral que yace bajo el hielo groenlandés, fruto de una geología antiquísima que concentra tierras raras y otros minerales críticos esenciales para la transición energética. Desde el siglo XIX hasta hoy, distintos actores han intentado explotar ese potencial, desde la criolita de Ivittuut durante la Segunda Guerra Mundial hasta los proyectos contemporáneos de tierras raras. Sin embargo, el entusiasmo choca con una realidad tozuda: extraer esos recursos es extraordinariamente caro, lento y arriesgado . La falta casi total de infraestructuras, la dependencia del transporte marítimo o aéreo, la complejidad del procesado (con minerales a menudo asociados al uranio) y una legislación medioambiental restrictiva hacen que solo una fracción mínima de los proyectos de exploración llegue a convertirse en minas operativas, normalmente tras más de una década de inversión . Bola extra. Además, la memoria de los daños ambientales causados por explotaciones pasadas, cuyos efectos siguen siendo detectables medio siglo después en ecosistemas extremadamente frágiles, explica por qué la sociedad groenlandesa solo contempla la minería como una oportunidad si participa activamente en la toma de decisiones y en la propiedad de los proyectos. El botín existe, pero ni es inmediato ni sencillo, y desde luego no parece que pueda justificar por sí solo la urgencia estratégica estadounidense. Guerra híbrida. El telón de fondo es un norte de Europa cada vez más militarizado , donde los incidentes contra cables submarinos, gasoductos e infraestructuras críticas en el Báltico han normalizado la idea de una guerra híbrida permanente . En ese contexto, Washington observa cómo Moscú y Pekín ensayan tácticas de presión por debajo del umbral del conflicto abierto, mientras las respuestas legales y judiciales se muestran lentas o ineficaces. La disposición explícita de Estados Unidos a incluir la opción militar para Groenlandia encaja en esa lógica de hechos consumados: asegurar posiciones clave antes de que el entorno estratégico se deteriore aún más. No se trata solo de negar ventajas a rivales, sino de adelantarse a un escenario en el que la infraestructura, la logística y el control de nodos físicos valen más que las declaraciones de principios. El Ártico navegable y un puerto. Aquí emerge una posible derivada decisiva. La ciencia lleva tiempo advirtiendo de un escenario donde el Ártico se encamina, en un horizonte de décadas, a ser navegable durante la mayor parte del año. El retroceso sostenido del hielo marino está transformando rutas que antes eran estacionales en corredores comerciales viables , reduciendo de forma drástica las distancias entre Asia, Europa y Norteamérica. Hoy, esa ventaja la capitalizan sobre todo Rusia , con la Ruta Marítima del Norte, y China , que se presenta como “potencia casi ártica” e invierte en puertos, rompehielos y acuerdos logísticos. Para Estados Unidos, que llega tarde a este tablero, Groenlandia representa el atajo perfecto : un enclave situado entre el Atlántico y el Ártico, capaz de albergar puertos de aguas profundas, bases aéreas y nodos logísticos desde los que compensar la ventaja ruso-china. Visto así, más que una mina, Groenlandia es un puerto adelantado al mundo que viene, una pieza desde la que influir en el comercio global del siglo XXI y en el control de unas rutas que, por primera vez en la historia moderna, dejan de estar cerradas por el hielo . En Espinof Meses después de fracasar en cines, se estrena en Disney+ la última aventura de esta mítica saga de ciencia ficción Una isla pequeña, un cambio global. Si se quiere, la paradoja final es que todo este pulso gira en torno a un territorio diminuto de menos de 60.000 habitantes , uno mayoritariamente contrario a integrarse en Estados Unidos y partidario, en el mejor de los casos, de una independencia lenta y cautelosa. Sin embargo, su valor simbólico y estratégico es desproporcionado . Groenlandia condensa la transición hacia un mundo donde el deshielo reconfigura mapas, los minerales críticos redefinen dependencias y las alianzas se tensan hasta el límite. Para Trump, es una fuente de impacto político, dinero potencial y demolición del viejo orden . Para Europa, posiblemente la prueba de que la geografía vuelve a imponerse a la ley. Y para el sistema internacional, el aviso de que el Ártico ya no es un borde remoto del planeta, sino uno de sus nuevos centros de gravedad . Imagen | The National Guard , Roderick Eime En Xataka | Si la pregunta es "cuál es el siguiente país en la lista de EEUU" la respuesta lleva meses encima de la mesa En Xataka | Se ha fundido tanto hielo en Groenlandia que el plancton ha crecido un 40%. No es una buena noticia - La noticia El oro del siglo XXI no está en Venezuela. Lo saben China y Rusia, y por eso EEUU quiere Groenlandia sea como sea fue publicada originalmente en Xataka por Miguel Jorge .