Los catalanes pasan cada vez más tiempos yendo y volviendo del trabajo. De media, 55 minutos al día, casi una hora entera dedicada solo al desplazamiento. Es una cifra que no ha dejado de crecer y que se ha incrementado en unos 10 minutos en solo cinco años, según alerta la UGT basándose en datos del Observatorio de la Movilidad. En términos anuales, esto se traduce en más de 220 horas al año utilizadas en trayectos laborales. Un tiempo que no cuenta como jornada laboral, pero que condiciona el día a día de miles de personas. Llegar más cansado al trabajo, disponer de menos tiempo personal y familiar y asumir un coste económico son solo algunas de las consecuencias de esta movilidad cada vez más larga. Según la UGT, este aumento del tiempo de desplazamiento supone una "jornada laboral encubierta" que se ha ido normalizando. Cada semana, los trabajadores acumulan de media 4 horas y media yendo y volviendo del puesto de trabajo, a menudo por rutas fijas que no siempre son fiables. Los problemas se agravian cuando el trayecto incluye Cercanías, con retrasos recurrentes, o el vehículo privado, condicionado por las retenciones a las principales vías de acceso en las ciudades. Todo ello hace que el tiempo dedicado a la movilidad se tome una parte creciente del día. La falta de transporte aumenta más todavía el tiempo del trayecto, puesto que mucha gente sale antes de casa para prevenir posibles incidencias. El secretario de Movilidad de la UGT de Cataluña, Jordi Muñoz, lo resume así: "Estamos hablando de una jornada encubierta." Y añade que está comprobado que cada vez más gente coge el transporte público, "cosa positiva para el medio ambiente, pero continúa siendo mucho más lento que el coche privado, sobre todo en desplazamientos interurbanos". Se ha reducido el transporte a pie o en bicicleta, y esto demuestra que la gente vive cada vez más lejos de los centros de trabajo. El principal factor que explica esta tardanza en los desplazamientos es la crisis de la vivienda. Los precios han expulsado muchas personas de los centros urbanos y las han obligado a instalarse en municipios cada vez más alejados del puesto de trabajo. En Cataluña, los precios del tercer trimestre del año pasado marcaron el máximo de la serie histórica. En un año, el metro cuadrado en Cataluña ha subido más de un 10% hasta superar los 2.500 euros. En España la subida ha sido del 12%, según datos del Ministerio de Transporte. El encarecimiento desde antes de la pandemia ha superado el 40% en municipios como Vilanova i la Geltrú, Reus y Vilafranca del Penedès. Este encarecimiento ha reducido mucho el ahorro que suponía irse de Barcelona para vivir en municipios de la segunda corona, mientras que el coste en tiempo de desplazamiento no ha dejado de crecer. El gran reto de movilidad se concentra en el área metropolitana de Barcelona. En solo el 2% de la superficie de Cataluña vive más del 40% de la población, una concentración que no ha dejado de crecer los últimos años. En este entorno, casi el 45% de la población tiene que combinar dos o más medios de transporte para ir al trabajo. La combinación más habitual es transporte público con transporte público —por ejemplo, Cercanías y metro o metro y bus—, pero también hay casos de transporte público y vehículo privado, un 7% aproximadamente, o incluso tres medios diferentes en un mismo trayecto. El tiempo que se pierde yendo al trabajo no es igual en todas partes. Los datos muestran diferencias claras entre comarcas. En el Bages, los desplazamientos suman de media 42 minutos diarios, y es la comarca donde menos tiempo se dedica al ir al trabajo. En el Garraf, en cambio, llegan a los 69 minutos, casi una hora y cuarto cada día. En este caso, la dispersión de los centros de trabajo y la conectividad limitada del transporte público explican buena parte del problema. El tiempo no es el único indicador que crece. También lo hace el volumen total de desplazamientos laborales. Según los datos se ha pasado de 2,4 millones de desplazamientos diarios por motivos de trabajo el 2020 a 2,8 millones el 2024, todo y el impacto del teletrabajo después de la pandemia. La distancia media de cada trayecto laboral es de 11,5 kilómetros. El vehículo privado continúa siendo el medio mayoritario para ir al trabajo, con casi el 57% de los desplazamientos, seguido del transporte público (20%) y de la movilidad activa, andar, bicicleta o patinete, que representa aproximadamente el 23%. Las horas punta también son muy claras: entre las 7 y las 8 de la mañana se registran más de 568.000 desplazamientos, seguidos mucho de cerca por la franja de 8 a 9, con 528.000. El impacto de este modelo de movilidad no es solo temporal. Tiene también un coste económico y social. Si perdemos mucho tiempo yendo al trabajo, llegamos más cansados y somos menos productivos. Pero, además del coste temporal, también destaca el coste económico directo: "Por ejemplo, si hablamos de vehículo privado, el parking, el mantenimiento del vehículo, la gasolina… calculamos un coste de unos 5.000 euros el año." Sindicatos y expertos coinciden que, si no se revierte esta tendencia, el problema continuará creciendo: más personas viviendo lejos, más desplazamientos y más tiempo perdido cada día. La solución, apuntan, es compleja pero con un punto esencial: hay que mejorar y ampliar el transporte público, especialmente en el ámbito interurbano. "En los trayectos interurbanos el vehículo privado continúa siendo mucho más competitivo. El tema clave es mejorar la oferta y la fiabilidad del transporte público, y aquí la pieza fundamental es Cercanías". Más buses interurbanos, mejores conexiones entre comarcas, una red ferroviaria más fiable y políticas de vivienda que permitan vivir más cerca del lugar de trabajo son algunas de las medidas que, según la UGT y los especialistas, pueden ayudar a recuperar tiempos… y calidad de vida.