El dinosaurio acorazado más antiguo del mundo parecía una fortaleza viviente cubierta de pinchos

El examen detallado de los restos saca a la luz espinas unidas a costillas y vértebras especiales en la cola, rasgos que ayudan a entender cómo se fueron formando estos cuerpos tan protegidos ¿Un T. rex adolescente o un depredador distinto? Nanotyrannus da un giro inesperado tras analizar un hueso clave La arena se pegaba a las patas del dinosaurio mientras avanzaba despacio por una llanura que se extendía hasta perderse en el horizonte. Su cuerpo, bajo el sol alto, parecía una fortaleza en movimiento: placas de hueso sobresalían en capas irregulares, reflejando la luz como fragmentos de metal. En cada paso se escuchaba el roce de las púas de los pliegues que cubrían su cuello y sus costados, chocando suavemente unas con otras con un sonido seco. La cabeza baja cortaba el aire y dejaba tras de sí una estela de polvo. Nadie habría podido acercarse a aquel gigante sin arriesgarse a salir herido; su cuerpo entero funcionaba como un muro vivo de defensa y advertencia . Los estudios científicos sitúan a Spicomellus afer en un momento mucho más temprano Los paleontólogos han identificado Spicomellus afer como el anquilosaurio más antiguo y ornamentado , según un estudio publicado en Nature . Este hallazgo sitúa al dinosaurio en el Jurásico Medio, hace unos 165 millones de años, y redefine el origen del grupo de los anquilosaurios. El fósil muestra una combinación de rasgos que hasta ahora se creía exclusiva de especies más recientes, lo que indica que la evolución de las armaduras corporales comenzó antes de lo previsto y con una complejidad inesperada. Las investigaciones apuntan a que las estructuras que recubrían su cuerpo no solo servían como escudo ante los depredadores. Varias de las púas más largas, especialmente las del cuello, parecen excesivas para una defensa puramente práctica. Los expertos plantean que pudieron desempeñar un papel social o de exhibición , comparable a las cornamentas de algunos animales actuales. Esa interpretación sugiere que el aspecto visual también formó parte de las estrategias evolutivas de este grupo, y que la selección sexual influyó en el desarrollo de sus armaduras. Los especialistas han situado a Spicomellus afer en un punto temprano de su familia El análisis de los restos revela detalles anatómicos sin precedentes. Algunas espinas estaban fusionadas directamente con las costillas, un rasgo único entre los vertebrados conocidos. Otras sobresalían en distintas direcciones desde la cadera y el lomo, formando una cobertura irregular de hueso y queratina . Las vértebras caudales fusionadas insinúan la existencia de una posible maza en la cola , aunque de forma más rudimentaria que en los anquilosaurios posteriores. Este conjunto convierte a Spicomellus afer en una pieza esencial para comprender cómo se desarrollaron los mecanismos de protección y exhibición dentro de su linaje. El trabajo de campo en Marruecos cambia el mapa conocido del grupo El hallazgo fue posible gracias a un equipo internacional del Natural History Museum de Londres, la Universidad de Birmingham y la Université Sidi Mohamed Ben Abdellah de Fez. El fósil apareció en 2023 tras unas lluvias intensas que dejaron al descubierto parte del terreno en el Alto Atlas marroquí. La excavación posterior permitió recuperar una colección de huesos, placas y vértebras que confirmaron la existencia de un individuo completo. Con la publicación del estudio, los investigadores abren nuevas líneas de trabajo sobre la fauna jurásica de la región. El descubrimiento en Marruecos modifica la visión tradicional sobre la distribución de los anquilosaurios. Hasta ahora se creía que el grupo había surgido en el hemisferio norte , pero este ejemplar demuestra que África tuvo un papel decisivo en su origen. La zona del Atlas emerge como un territorio de referencia para la paleontología, con un registro fósil que amplía la comprensión de la evolución de los dinosaurios en Gondwana. De ese modo, Spicomellus afer no solo añade una pieza al árbol genealógico de los anquilosaurios, sino que también abre una ventana sobre un paisaje antiguo en el que la defensa, la forma y la supervivencia se fundían en una sola criatura.